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En general, aconsejaría no copiar y ser original, pero porque no hay mucho de dónde plagiar, todos los foros de kpop tienen esta historia.

En fin, la edición de las fotos es nuestra, y del diseño de codes/html/css (o del usuario según corresponda) atrévete a plagiar alguna y te asesinaré mientras duermes ♡
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The Promise |YiFan/Privado|

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The Promise |YiFan/Privado|

Mensaje por Kim Joon Myun el Mar Jul 29, 2014 5:20 pm

Un paso a la vez Joon Myun, sólo un paso a la vez”-El chico de baja estatura aspiro llenando sus pulmones de un aire vacío, la habitación estaba sumida en una oscuridad aterradora, el viento seco de verano rozaba su ventana y unas gotas de agua salada resbalaban por sus mejillas. Despacio y contando los segundos se dejó caer en la cama con los brazos extendidos esperando ser tragado por el colchón que se sumió con su escaso peso pero nada había sucedido, seguía ahí…seguía ahí como noche tras noche lo hacía.

Con un último sollozo la oscuridad se tragó su llanto y donde no existían las penas fue llevado. Una sonrisa cruzaba sus labios y sus ojos se achicaban de la emoción contenida, memoria tras memoria pasaban por su mente: El primer día que se conocieron, el primer día que rieron juntos, las penas que compartieron y los cansancios que velaron juntos. Suho volvía a sentirse poderoso, de pronto volvía a tener calma, la tormenta había cesado y él que había salido de su vida meses atrás ahora estaba ahí tomando su mano. Con sorpresa Jun Myeon descubrió que se sentía bien, el vacío de su alma había desaparecido y la lluvia que chapoteaba en el suelo ya no calaba. Las palabras se acumulaban en su garganta queriendo salir y gritarle que se quedara, que se no se volviera a ir porque dolía, dolía mucho y comenzaba a desconocer cómo seguir adelante pero contrario a lo que su mente ordenaba su corazón desobedeció y siguiendo sus deseos abrazo al otro chico con la intención de no soltarlo pero al hacerlo no había nada, los delgados brazos del chico rodeaban la nada suspendidos en el aire sin saber dónde deberían estar. Un gemido lastimoso surgió de entre su boca tratando de encontrar a quién momentos atrás se aferraba a su mano, comenzó a llamarlo pero nadie respondía y poco a poco las luces se iban a pagando como una danza llegando a su fin y las voces que trataba de sofocar retumbaban en su cabeza, las escuchaba pero no veía a quien pertenecían. Comenzó a correr como si en ello se fuera vida, el suelo se resquebrajaba a sus pies y un cielo gris se despedazaba reflejando el caos que tras una alegría fingida se escondía.

-Mierda-Con la respiración agitada Suho trato de recobrar la calma, su rostro húmedo por el sudor y lo que parecían lágrimas estaba bañado. Jalando la manga de su camisa limpio las evidencias y de un salto salió de la cama para encender las luces, había aprendido que la oscuridad daba miedo y que las sombras podían ser tenebrosas. La pesadilla aún seguía teñida de colores en su mente, tan presente que parecía habían pasado sólo unos días del que había sido su compañero y amigo se había marchado dejado un desastre a sus espalda, sin ninguna explicación, sin un por qué. Por el viento había sido traído desde la lejanía y por el viento era regresado. La ropa del día se le había pegado al cuerpo por el sudor frío. Sin energías fue desvistiéndose de camino al cuarto de baño que cuando llego pudo encender la regadera y meterse bajo el chorro de agua que escurría por su cuerpo las penas que con cuidado el rubio iba guardando. Aferró las manos a los azulejos esquivando los pensamientos que daban brincos llamando su atención para ser analizados. Había días en que no podía esconderse de la realidad y había otros en que nadie pensaría algo acomplejara esa sonría que presumía ser real. De espaldas y pegado a la pared se dejó resbalar hasta quedar sentado en la tina que se iba llenando disfrutando de la sensación que el agua ocasionaba en su cansado cuerpo. La madrugada era su refugió, cuando los reflectores se apagaban y la tranquilidad volvía a reunirse, Jun Myeon permitía ser tragado por los recuerdos que le hacían acordarse por quienes tenía que cuidar, de su mano colgaban muchas personas y si él se hundía presentía ellos también lo harían.  Cuando el agua había llegado a la altura de su pecho se sumergió con los ojos abiertos, un escozor cobro vida y el poco aire que había tomado al cabo de unos segundos se agotaba. Con una bocana volvió a surgir con el cabello pegándose a su cara, aparto el exceso de agua del rostro susurrándole a la soledad, ya no importaba de cuantas personas estuviera rodeado porque si no era capaz de recuperar esa pieza faltante dudaba  que fuera de su futuro inestable.

Las horas habían pasado y la pesadilla había quedado guardada en el baúl de lo incierto. Un sol abrazador daba la bienvenida a la nueva jornada de trabajo porque el mundo no se detenía y el tiempo no esperaba a nadie. Siguiendo instrucciones de su manager guiaba a los demás miembros a moverse para terminar más temprano aunque en el fondo sabía que ir a casa era lo que menos quería. Una minuto tras otro eran movidos de un lado para otro con las ojeras maquilladas y las sonrisas plasmadas como si hubieran sido remarcadas con un permanente, las cosas parecían ir cada vez mejor, el tema que todos trataban de evitar ya no era abordado y los recuerdos los iban enterrando para no ser conscientes de que un día habían sido reales. Ese día en especial el chico de apenas 1.73 de estatura parecía más intranquilo de lo normal, a su alrededor todos giraban con un mismo propósito y aunque tratara de seguirle le era imposible. Había recibido varias llamadas de atención y unas cuantas palmaditas que en la lengua de gestos era un “Todo está bien” así supieras que no era así. Una razón, sólo necesitaba una razón para mandar todo al diablo y cuando pensó nunca llegaría, el destino volvía a conspirar contra él. Su celular guardado recelosamente en su pantalón vibro indicando la entrada de un nuevo mensaje y contrario a lo que hacía normalmente lo extrajo y aparto la pantalla con el dedo, por un instante pensó que era una mala jugada de sus rojizos ojos más no era así, con un palpitar acompasado y unas manos sudorosas volvió a guardar el celular. Ignorando las miradas curiosas siguió su instinto que lo había hecho mantenerse sin hacer nada las últimas semanas, sus pasos eran cada vez más rápidos hasta que se convirtieron en una carrera que dejaba atrás de si gritos de alarma y confusión, necesitaba más que eso para ser detenido. Al salir de las instalaciones de la empresa tomó el primer taxi que aparecía y abordó con desesperación. Sus mejillas se teñían de rojo y una chispa brillaba en su mirada, sus indicaciones al taxista fueron claras que no hizo falta preguntar una segunda vez. El Aeropuerto parecía tan lejano que el camino se volvió la desesperación en persona, detenido a unas cuadras por el tráfico Suho fue incapaz de seguir esperando por más tiempo, abrió la puerta y antes de salir le entrego unos billetes al conductor sin saber había dado de más o de menos aunque por sus reclamos apostaba por la segunda. Su cabello volaba en todas direcciones, el esfuerzo hacía su cuerpo protestar pero cuando minutos después alcanzo las puertas de la entrada su pecho se inundó de emoción, no sabía qué hacía ahí, no sabía porque estaba tan feliz, desconocía la tristeza que esperaba con los brazos abiertos y la soledad que le golpeteaba diciendo que no se hiciera ilusiones. Acallando sus temores empujó la puerta siendo recibido por el aire frío de la estancia. Sus ojos vagaban en todas direcciones, un mensaje lo había hecho ir sin medir consecuencias, ¿Qué pasaba si lo reconocían?, ¿Y si le costaba su carrera? ¿Estar ahí lo valía? Asintiendo para sí mismo se dijo que sí. Con más precaución camino con el rostro inclinado y de vez en cuando lo alzaba, ¿Qué tan cruel podía ser la vida? ¿Qué tan cruel?
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Re: The Promise |YiFan/Privado|

Mensaje por Wu Yi Fan el Dom Ago 03, 2014 11:51 pm

Dicen que si algo no tiene solución, es mejor dejar de pensar en ello: nada va a cambiar por mucho que uno se lamente noche tras noche y día tras día. También dicen que si algo puede ser resuelto, no hace falta darle más vueltas: al fin y al cabo, todo terminará por arreglarse cuando menos nos lo esperemos.


Sin embargo, muy lejos de seguir estos positivos consejos, aquél que una vez formó parte de EXO junto al resto de sus amados compañeros seguía destrozado encima del colchón, pensando en la desafortunada tragedia que lo hundió y llevó a querer huir de la vida lenta y dolorosamente. Había hecho incluso una gran lista en la que podían leerse las siguientes anotaciones con letras temblorosas: colgarse del techo, morir por una sobredosis, saltar al vacío desde la ventana, dejarse caer contra las vías del tren, arañarse la piel con el cuchillo más afilado que pudiera encontrar hasta perforar sus venas, volarse la tapa de los sesos con una pistola… Típicas soluciones que daría un cobarde frente a sus desdichados problemas. Pero, por algún motivo, las agonías fueron prolongadas en silencio y jamás cometió ninguna estupidez. ¿La razón? Ellos. Ya los hubo abandonado y no quería repetir sus actos, menos aún de un modo tan humillante; de no haber sido por su grupo, quién sabe dónde estaría él en esos momentos.

Poco a poco, su cuerpo se fue inclinando hacia delante hasta que su espalda quedó pegada a la pared. El despertador digital expuesto sobre la mesita de noche marcaba la hora con un parpadeo incesante. Apenas eran las cuatro de la madrugada y estaba cansado; aunque, para su desgracia, no conseguía dormir. Se removió bajo las sábanas, rebelándose contra el sueño, y terminó tirándolas al suelo de una patada: ése fue el único momento de libertad plena que había sentido después de muchos meses bajo la presión y las órdenes de alguien a quien no quería obedecer. Un quejido maquillado cual suspiro voló de sus labios y su mirada carente de brillo reposó en el ventanal que se hallaba a un par de pasos de su posición. Sin ser consciente, sus piernas se movieron con pesadez y lo arrastraron fuera de su cama, frente a los cristales: la noche había bajado la temperatura del vidrio y sentir su helor en las yemas de los dedos lo traía de vuelta a la realidad. Por primera vez, estaba a gusto entre las sombras; por primera vez, tanto su pulso como su respiración se habían regulado. El cálido aliento del muchacho empañaba las ventanas. Con la vista clavada en un punto fijo, desenfocado, paseó uno de sus dedos sobre el vaho y trazó varias líneas con significado que se clavaron como cuchillos en su pecho. “We’re one”. Esa dichosa frase lo obligó a llenar sus pulmones de aire antes de derrumbarse. No podía llorar, no quería llorar. No debía hacerlo, todavía no.

De repente, giró con rapidez sobre sus talones y estiró el brazo contra el interruptor de la luz, golpeándolo con más fuerza de la cuenta. La habitación quedó iluminada por completo cuando la candidez de la bombilla llegó a su máxima potencia. Ni siquiera quiso pararse a pensar en sus acciones, en lo que hacía; todo era cuestión de inercia. ¿Estaría bien? ¿Estaría mal? ¿Lo aceptarían? ¿Lo rechazarían? Sus pertenencias eran recogidas a una velocidad pasmosa hasta que, al final, su equipaje estaba listo. En silencio y cuidadosamente, abrió la puerta de su dormitorio y atravesó el descolorido pasillo principal con la maleta en la mano, dispuesto a fugarse de aquel sitio sin decirle ni una palabra a nadie. A pesar de su gran determinación, no pudo evitar frenarse delante de uno de los cuartos contiguos al suyo. Su ceño se frunció en un gesto de enfado a la vez que su propio peso y hombro izquierdo acababan apoyados contra la lisa y clara madera que lo separaba de una de sus peores pesadillas. Tragó saliva y apretó el puño con rabia: a partir de ese momento, él ya no sería su juguete, no volvería a pertenecerle, tomaría sus propias decisiones y, lo más importante, dejaría a un lado el sufrimiento. Así pues, el joven se subió al ascensor y aguardó con nerviosismo poder toparse con la entrada principal de aquel lujoso pero frío hotel, rumbo a su liberación.

El camino que guiaba hasta el aeropuerto parecía, a sus ojos, imposible de recorrer. Era difícil abarcar a pie tanta distancia, pero no había conseguido encontrar ningún taxi libre que lo quisiera llevar. A mitad de trayecto, sin energías, se dejó caer sobre un banco que había encontrado de pura casualidad, obviando que estaba solo; de todas formas, nadie averiguaría quién era si no había ni un alma por las calles. Comprobó los bolsillos de su chaqueta y extrajo de uno su móvil, mirando la pantalla sin saber qué hacer a continuación. Instintivamente, comenzó a pulsar las teclas táctiles con cautela hasta que la inspiración se apoderó de él y logró escribir uno de los mensajes que había querido mandar desde hacía incontables semanas. No obstante, se vio sin ánimos para enviarlo. Tras aclararse la garganta –el gélido clima canadiense dejaba mucho que desear–, se puso en pie y retomó su marcha. Cuanto más se acercaba a su destino, más rápido le latía el corazón: imaginarse de nuevo con los suyos lo emocionaba y aterraba al mismo tiempo. ¿Cómo lo recibirían cuando llegara? ¿Cuál sería su reacción al verlo otra vez? Las ganas por darle respuesta a dichas preguntas lo carcomían sin miramientos por dentro.

Unos cuantos metros más y habría conseguido llegar a donde se proponía. Las ruedas de su equipaje se deslizaron suavemente sobre el pulido suelo del vestíbulo central. El bullicio creado por las personas que compartían su mismo propósito vencía al silencio nocturno que le había hecho compañía hasta ahora. Se escabulló entre la multitud y se plantó ante el mostrador con el rostro serio: necesitaba un billete a Corea lo más pronto posible, pero el avión estaba a punto de despegar y debería esperar a otro vuelo si no lograba subir en ése. Tuvo que pedir, suplicar, rogar y rezar todo lo que sabía en todos los idiomas que conocía hasta que –sin saber cómo– le permitieron la entrada abordo. Fue una tremenda insensatez: cualquiera de los presentes hubiera podido reconocerlo, aunque al joven le daba prácticamente igual. Los chequeos fueron rápidos y la subida a la gran máquina, inmediata. No habían pasado ni quince minutos desde su embarque cuando se inició el despegue.

Durante el vuelo, su mirada sólo se fijaba en el exterior de las ventanillas. El oscuro cielo estrellado se iba rebelando en el horizonte hasta ceder a la luz de la madrugada. Muchas veces se había preguntado si sería capaz de ver alguna estrella fugaz, pues tenía mil deseos que quería hacer realidad. Envuelto en dichos pensamientos, sus párpados cesaron y, finalmente, se consumió en un profundo sueño que reflejó durante incontables horas todos los buenos y malos ratos que EXO había pasado junto, como el maravilloso equipo del que se trataba. Sin embargo, cualquier sueño tiene su parte de pesadilla, y verse alejado de ellos fue la protagonista de éste. Cuando el muchacho quiso abrir los ojos, su vuelo estaba finalizando: el avión aterrizó con gentileza en mitad de la pista y, tras varios minutos hasta conseguir que todo se frenara y estabilizara, los pasajeros pudieron pisar tierra. En ese instante, llevó una mano al bolsillo y sacó del mismo su teléfono móvil; ¿sería hora de mandar el mensaje? Tenía que arriesgarse.


«Era un sueño, era una promesa. Era un recuerdo de algo sin cumplir. “Somos uno”, ése fue nuestro lema durante mucho tiempo hasta que yo mismo decidí daros la espalda. Todo quedó vació, roto, despedazado. La ida fue horrible; la vuelta, terrible. Aún me pregunto si merezco una segunda oportunidad. He hecho cosas de las que no estoy orgulloso y me siento solo. Más de lo que jamás me había sentido. Por suerte, vuestro recuerdo me acompaña en silencio. Os necesito, te necesito: no me dejéis caer de nuevo.

P.D.: en estos momentos, me encuentro en mitad del aeropuerto; sé que es precipitado pedirte algo así tan de repente, pero… ¿Podrías recogerme?»

–Kris–


No pensaba que pudiera hacerle caso después de sus malas acciones. Ni siquiera lo veía capaz de leer el escrito que le había enviado. Las agujas de un gigantesco reloj de mármol que se encontraba colgado en lo alto de una de las paredes del aeropuerto parecían haberse quedado quietas sin razones aparentes. La larga espera lo incomodaba y ya no sabía en qué posición debía colocarse para permanecer inmóvil o aparentar tranquilidad. Miró la pantalla del móvil una, dos y hasta tres veces consecutivas: no había respuesta. Quizá estuviera enfadado. Quizá ya no les hacía falta. Quizá no había recibido su pequeña carta. Quizá, simplemente, él se equivocaba. Los pasillos del aeropuerto guiaban a las masas de un lugar a otro con prisa, pero una única persona cruzó la puerta de cristal que daba a la sala donde se hallaba con el corazón en un puño. El chico se levantó de golpe de la silla en la que aguardaba y, dejando todas sus pertenencias atrás, echó a correr en dirección al otro joven que acababa de aparecer por sorpresa. Sin más dilación, lo acogió entre sus brazos y aguantó la respiración hasta convencerse de que eso no era una simple ilusión, de que su líder no se desvanecería de su lado y de que la calidez ajena iba en serio. Entrecerró los ojos, sintiendo una apacible sensación en su pecho, y se permitió hundir la nariz entre sus cabellos.

Estás aquí —susurró; un molesto nudo se había hecho dueño de sus cuerdas vocales, por lo que las palabras salían a trompicones de sus labios—. Al final has venido por mí.
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Re: The Promise |YiFan/Privado|

Mensaje por Kim Joon Myun el Sáb Ago 16, 2014 7:24 pm

-Kris-Los labios del más bajo se abrieron en un susurro que robó su aliento. No había pensado en las consecuencias y si lo había hecho sólo habían sido una vaga sombra del bien y el mal. En el momento en que decidió aceptar que el mayor no quería regresar había bloqueado su corazón que le pedía corriera hacia él y en un intento de odiarlo trataba de cada mañana al despertar enumerar las razones por las que no debía tomar un avión y buscarlo. Sus ojos se cerraron y un involuntario sollozo broto dejando correr unas silenciosas lágrimas. Jun Myeon pensó podía permanecer del mismo modo por horas, a diferencia de sus pesadillas encontraba un calor acogedor que provocó sus brazos se envolvieran en el cuerpo que le brindaba protección. El mundo había dejado de existir, los ruidos fueron apagándose poco a poco como si alguien hubiera ido bajando el volumen, el frío aminoraba y su corazón de una extraña forma comenzaba a latir como nunca antes. Su voz había sido un embalsamiento para las grietas que permanecían allí esperando una oportunidad para saltar y arremeter con lo que había salvado de los escombros. Las noches en vela ahora eran cosa del pasado, las horas frente al teléfono un mal sueño y las palabras regadas en la almohada un espectro. Sí alguien le hubiera dicho que todo estaba bien le daría la razón sin dudarlo, porque si, ahora todo estaba bien. Aspiro con fuerza llenando los pulmones de su aroma, sus brazos se aferraban con fuerza dispuestos a prensarse si alguien se atrevía a separarlos.  

Un sonoro golpe se hizo oír a pocos metros de donde estaban. La Tierra volvió a girar y el Sol a esconderse bajo una nube-¿Quién eres?-Preguntó deshaciéndose de sus brazos con un asco que termino de encender la alarma-¿Quién eres para volver y destruir lo poco que quedó?-Con la manga de la camisa limpio bruscamente su rostro deshaciéndose de las traicioneras evidencias. Las palabras brotaban derramándose sobre las heridas que volvían a abrirse-Te fuiste-Acuso con la voz quebrada y sin poder ocultar su dolor-Y nos dejaste…me dejaste-Uno a unos los recuerdos fueron llegando humedeciendo aún más sus mejillas. El rompecabezas volvía a perder sus piezas y tras muchos intentos había dejado de importar-Me tengo que ir-Las palabras habían salido en respuesta a el temor de caerse en pedazos, los que habían presenciado su caída ayudado a recolectar las piezas dispersas se esforzaron, no era justo traicionar sus intentos. Obligo su cuerpo a moverse  sin esperar respuesta, tenía miedo y necesitaba huir, huir y esconderse para lamer sus heridas como había estado haciendo. La sensación de verse como un cachorro abandonado no lo soltaba porque a fin de cuentas eso era.  

¿Así era cómo se sentía? La interrogante se extendió frente al chico que avanzaba despacio deseoso de capturar el momento. Había pensado que nada peor podía suceder, pero después de ver al protagonista de sus pesadillas las cosas habían cambiado. Escondió las manos en los bolsillos del pantalón con el rostro vencido, las lágrimas habían dejado de brotar pero la pena que agujeraba su pecho golpeteaba llamando para hacerse notar y aun así quería girarse y volver. Sus uñas se clavaban en sus manos y mordía su lengua para no gritar de frustración. Cuando Kris se había marchado la responsabilidad había caído en sus hombros de manera inevitable, solo había lidiado con preguntas que no tenían respuesta y triunfos que no sabían a gloria. El primer día que la noticia llegó pensó que se trataba de una mala broma o un mal entendido. La prensa había explotado contra ellos, en unas horas todos estaban divididos y él había tenido que enfrentar todo eso sin un manual explicándole como sobrevivir, ¿Qué era lo que había estado pensando? Habían pasado más meses de los que podía contar y aunque no pudiera resignarse un paso tras otro intentaba aceptar su realidad, ¿Cómo hacerse entender noche tras noche que el tiempo no volvería atrás? Que no importaba cuantas veces hablara con las fotografías de aquel que se había ido sin intenciones de volver, ellas no contestarían. Los días transcurridos habían sido una tortura lenta. Existían semanas que recordaba como se podía reír, disfrutar y vivir pero otro más que pareciera haberse acostumbrado a ver como su cuerpo se desmoronaba.  Olvidar y seguir, retroceder y tropezar. Una cadena adictiva para regresar a la superficie.

La burbuja donde se había refugiado había explotado y contrario a los cuentos que decían después de la tormenta la primavera llegaba, en su vida no sería igual. El invierno con su infinito hielo había congelado el pasado, presente y futuro. Nada se convertiría un final feliz, ¿Por qué volver a creer en las personas? ¿No siempre todos vivían tranquilos? ¿Por qué él no podía? Ahora se arrepentía de creerse esas estúpidas historias. La partida del chico le había robado no solo la estabilidad emocional sino la ilusión y la esperanza, se sentía tan vacío que temía alguien lo tocara y sonara hueco. Él silencio había sido testigo de que había buscado culpables, hurgado promesas inconclusas, pactos rotos y palabras vacías. Cuando había prometido ser uno no lo había dudado, estaba convencido y hubiera hecho cualquier cosa por mantenerlo pero en una mala jugada del destino todo había cambiado. Giró su espalda y regreso unos cuantos pasos-Yo…yo no quiero verte más así que por favor no vuelvas a buscarme. Es tarde para pedir perdón, ¿Lo sabes verdad? Estamos mejor sin ti-Las mentiras ahora eran a lo que podía sostenerse. El orgullo y la pena le mantenía alejado de ser sincero para decirle que nada estaba bien, que todo iba mal y aún sí lo dijera no se podía matar y luego revivir, no se podía romper y después arreglar, simplemente no era posible.

Unos rastros de agua salada aún dejaban un recuerdo escaso en sus facciones. Sonrío y algo se quebró dentro. Quería y necesitaba dejar de fingir, resguardarse y no sentir más de lo que podía. Sabía que no podía continuar así, por delante tenía una vida llena de personas que deseaban estar a su lado, ¿Quizás lo que buscaba era verlo una última vez? Sus ojos empañados pudieron distinguirlo, ¿Tal vez podía recorrer con sus dedos sólo por una ocasión más su rostro? ¿Estaría mal, estaría bien? Necesitaba dejar atrás el pasado y con él a Kris, tomar sus cosas y construir un nuevo día que ya no había lugar en su burbuja reventada y urgía poder volver a respirar aire fresco. Temeroso y templando como una hoja arrastrada por el viento volvió a hasta él acortando la poca distancia, contradiciendo a lo que minutos antes había dicho alzo su mano y acuno su mejilla con la palma de su mano derecha. Las palabras deseaban salir pero no podía dejarlas escapar. Bajo el rostro y despacio deslizo su mano hasta regresarla a su costado. Dio un paso hacia atrás. No sabía que debía sentir, ¿Liberación? ¿Y entonces por qué en lugar de eso sentía un anhelo de no separarse? Había vuelto a equivocarse mostrando lo que en verdad sentía. Cubrió con el dorso de una mano sus ojos que habían vuelto a ponerse acuosos. Suprimió un quejido…No, ya no había salida. Cada intento había sido un fracaso y ser golpeado por la realidad le arrebataba la idea de poder continuar.
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Re: The Promise |YiFan/Privado|

Mensaje por Wu Yi Fan el Lun Ago 18, 2014 3:21 pm

Sí, soy yo —la respuesta no pudo ser más obvia; aunque, en ese momento, era imposible articular palabra alguna que lograra conservar significado pleno—. Cansado y demacrado por el viaje, pero soy yo.

Quizá era culpa del largo trayecto recorrido o de su encuentro con el líder del grupo al que pertenecía anteriormente. Tal vez tenía que ver con las escasas horas de sueño que había logrado reunir previas a su escapada furtiva. Fuera como fuese, sus sentidos se encontraban nublados por completo. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que alguien lo abrazó de esa manera? Demasiado a su entender, pues el joven apenas recordaba una sensación similar y no estaba en sus planes que ese añorado regalo del cielo acabase tan pronto. A pesar de los deseos que revoloteaban en su hueca cabeza, absolutamente todo se fue al traste: su compañero se alejó de él a bote pronto y Yifan no alcanzó a ser lo bastante rápido –ni valiente– para sujetarlo de nuevo e implorar que volviese a rodearlo como había hecho apenas segundos antes. Por el contrario, recibió una lluvia ácida de reproches, quejas y protestas que hicieron trizas su interior. No quería escucharlo, no quería oír nada más. Después de lo vivido en Canadá, eso era lo último que necesitaba para lograr estabilizarse con plenitud. Sin embargo, Joonmyun llevaba razón. Cada sílaba pronunciada era una gran jarra de agua fría y certera que se derramaba sobre sus cabellos antes de deslizarse envuelta en odio por encima de su cuerpo. Volver sin haber pensado las consecuencias de un modo prudente pasaría factura rápido, muy rápido. Excesivamente rápido. Y, si las cosas aún no se habían torcido lo suficiente, además había conseguido que el muchacho parado frente a su estúpida persona rompiera a llorar.

Impotencia. Arrepentimiento. Frustración. Eso era lo único que cobraba fuerza entre costilla y costilla, oprimiendo sus pulmones con fiereza desmedida. Sujetar el rostro ajeno y secar las lágrimas que lo surcaban pudo haber sido un importante pensamiento y un gran acto si se hubiera hecho realidad, mas sus extremidades se convirtieron en presa de la gravedad. La alteración de su consciencia creaba estragos dentro de su mente y algo tan sencillo como razonar se había convertido en una tarea que sólo los verdaderos dioses podrían llevar a cabo: —¿Quién soy? Es una pregunta inteligente. Vamos, contéstala por ti mismo. Estoy seguro de que conoces la respuesta —otro punto al marcador del compañerismo. De repente, todos sus huesos comenzaron a temblar y leves espasmos nerviosos empezaron a sacudir al más alto, obligándolo a aferrarse a su propio abrigo. La sentencia ya estaba dicha en cuanto hubo escupido aquellas groseras oraciones y su amigo, el cual debía haber dejado cualquier actividad en la que se hallara envuelto por él, iba a marcharse de allí. Era justo, ¿cierto? Así de horrible tuvieron que sentirse cuando Kris abandonó a los demás antiguamente. Quería gritar, rogar que no se largara sin más. Necesitaba perseguirlo en caso de que huyese de verdad. No obstante, sus piernas no reaccionarían y lo harían tropezar si osaba intentarlo. Sumando negatividad a la racha de mala suerte, su voz tampoco se sentía con ganas de atravesar las cuerdas vocales para llamar la atención de aquél que se separaba de su lado. Sus mejillas, al igual que las cuencas de sus ojos, se tornaron rojizas por la ira que era incubada en su pecho. Desde pequeño, su madre le enseñó los inconvenientes del mundo adulto, los obstáculos del crecer. Jamás hubo pensado que el momento en el que la vida te da palos y te martiriza llegaría hasta tal extremo. Hacerse un hombre conllevaba sacrificios en cualquier ámbito y, para su desgracia, él lo acababa de averiguar.

¿Tú qué te has creído? ¿Que me fui por gusto? ¿Que erais tan indiferentes para dejaros tirados? No lo entiendes, y es posible que nunca lo hagas —el sonido había logrado huir de sus labios, aunque estaba liando la situación—. Venga, vete. Te están esperando, ¿no es así? A ti todavía te esperan —egoísta; Yifan estaba siendo un maldito egoísta y su corazón se daba cuenta, mas su cerebro fue bloqueado con tal de no retractarse—. Creía que sería de otra forma, pero me equivocaba. ¿Cómo no iba a ser tarde para disculparse? Está claro. Lo habría hecho nada más verte si supiera que serviría de algo —sus manos se apretaron en un puño. Echaba en falta a su familia: ellos le habrían indicado el camino correcto y las palabras adecuadas que usar a cada instante—. ¿Piensas que el tiempo que estuve en Canadá lo derroché en unas buenas vacaciones? ¿Que no he llamado ni una sola vez porque la fiesta succionaba mis ratos libres? Hah, increíble —cuando la ironía sale a luz, hay que ser cautelosos; no se sabe qué es lo siguiente que podría pasar. No quiero verte más”. «No me mires». “No vuelvas a buscarme”. «No des razones para ello». “Es tarde para pedir perdón”. «No es menester que lo repitas». Mientes más que hablas, ¿te has dado cuenta? Dime una cosa... ¿Realmente quieres eso? ¿Realmente es cierto? Sé sincero. Sé sincero conmigo y contigo mismo. Después de todo, es normal que veas las cosas tan negras. ¿Estáis mejor sin mí? No puedo retroceder al pasado ni tomar otro vuelo lejos de aquí hasta dentro de unas horas. ¿Has dejado de necesitarme? Perder es lo que más odio en este mundo; aún así, he perdido durante toda mi vida, pero no quiero perderos a vosotros. A ti.

Se había dado por vencido. Toda su ilusión se fue desvaneciendo por completo conforme sus súplicas golpeaban la espalda de un Suho malherido que caminaba despacio, distanciándose del dolor. Si los papeles cambiaran, si él se convirtiese en el traicionado en lugar del traidor, ¿qué haría? ¿Qué ocurriría? ¿Lo perdonaría? ¿Le daría una palmadita en el hombro y fingiría que la amistad ha vuelto a recuperar el valor de siempre? No. Él no aceptaría las disculpas de nadie que jugara con sus sentimientos, con sus emociones, con su ser. Si tuviera que pasar a una sala de interrogatorios con el fin de decir todo lo que se le cruzaba por la cabeza, nada bueno saldría de su boca. Cuando algo ya está hecho, es muy fácil afirmar que habría sido mejor si hubiese ocurrido de otro modo. Pese a ello, nunca se conocen los resultados. Situaciones desesperadas rigen medidas desesperadas: incluso si no sabes cómo comenzar, llegará la hora en la que una decisión deba ser tomada. ¿Sería distinto de haber permanecido junto a sus camaradas hasta el final? ¿Habría sido otro miembro el que decidiera dejar el grupo por los motivos que fueran? ¿Todo permanecería en paz y armonía o se habría convertido en un infierno? Ni Junmyeon ni Yifan ni los Dioses del Destino darían una resolución concreta y correcta al cien por cien. Decaído, sus ojos lo sorprendieron con una de las imágenes de las que más precisaba. El muchacho que previamente lo hubo apartado de su círculo de confiaba giraba en torno a sus talones y regresaba a su lado. «¿Esto es el significado de felicidad? Lo guardaré como un tesoro», dicha reflexión lo atravesó de arriba a abajo y, tras muchas habladurías que ojalá no hubiera pronunciado, decidió disfrutar del contacto proporcionado hasta que Suho lo empujara por segunda vez.

Una segunda oportunidad —murmuró. Sus párpados se hallaban cerrados a la espera de que las caricias del otro no frenasen—. Solamente te pido eso: una segunda oportunidad. No permitas que me odie más de lo que ya lo hago.

Cualquiera tiene derecho a ganarse otro voto de confianza. No existe nadie que sea bueno en todos los aspectos, así que ésta puede ser la causa de las segundas oportunidades. Kris carecía de tantas dotes positivas que la mera idea lo sumergió mil y una noches en una burbuja aislada de la sociedad con tal de encontrar algo válido de lo que presumir. No obstante, raras veces lo hubo logrado. Dio un par de pasos hacia delante y envolvió la cintura del joven con un brazo. ¿Duraría ese nuevo acercamiento o seguiría siendo efímero? La mano que gozaba libertad fingida recorrió la espalda contraria con lentitud, aunque su camino cambió de sentido y terminó sobre la muñeca ajena. Mendigaba una solución a sus problemas y una cura a sus heridas, heridas que él mismo se había hecho gracias a las fatalidades del azar. Un sería lo que traería de vuelta a la vida a ese deshecho humano que se derretía por un poco de comprensión, por un poco de cariño, por un poco de solidaridad. Sus actos no cambiarían a mejor, mas la tormenta desatada en su inútil corazón tenía que ser calmada antes de que lo destruyera con crueldad. Lentamente, su cuerpo se inclinó hasta que las frentes de ambos quedaron juntas. Los pájaros caídos esperan el próximo viento para volverlo a intentar, y Joonmyun se acababa de convertir en esa ráfaga de aire cálido que mantendría a un globo aerostático pinchado todavía con el valor suficiente para no dejarse arrastrar debido al agobiante peso que cargaba encima de su cuadrada cesta de mimbre.
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Re: The Promise |YiFan/Privado|

Mensaje por Kim Joon Myun el Dom Ago 24, 2014 7:29 pm

Sus respuestas venían y en realidad él no quería que sus palabras fueran respondidas, tal vez por eso razón había avanzado con la supuesta intención de irse, sólo tal vez. Su voz que había sido un bálsamo volvía a convertirse en esa ráfaga de aire frío que agrietaba su piel y congelaba el aire que entraba a sus pulmones-Hay algo que se llama…¿Amistad? Pensé que sabías lo que esto conllevaba pero cuando te fuiste sin dar una explicación comprobé que tal vez sólo fingías conocerla y si de verdad lo quieres saber-Hizo una pausa tragándose el  “A ti también” que disimulo tosiendo un tanto-Es cierto que me esperan-Encogió los hombros con un escalofrío de incomodidad. Las palabras del que se había ido calaban más de lo que estaba dispuesto a aceptar. A esas alturas Jun Myun no sabía que era lo que había estado esperando para comportarse de esa manera, ¿Ser bienvenido con un ramo de flores? ¿Lágrimas de alegría?, ¿De celebración? Siendo lo suficiente prudente puso un alto a sus pensamientos internos que se revolvían para ser soltados y darle en la cara-¿Ser sincero conmigo mismo?, ¿Estar mejor sin ti?, ¿Ya no necesitarte?-Su cuerpo funcionaba por milagro repitiendo fragmentos de lo que el chico que ahora volvía a estar cerca había dicho y para su conveniencia sólo había tomado lo que necesitaba le preguntara. Él mismo se había hecho las mismas interrogantes más veces de las que podía contar. Sopeso cada silaba como si eso le ayudara a encontrar una solución. Ahora se arrepentía de haber regresado y no ser lo suficiente valiente como para irse de ahí y si lo suficiente cobarde para haber vuelto a derrumbar la barrera que había interpuesto.  

Decir que no lo necesitaba era como decir que el ser humano no necesitaba de otro para mantener la cordura y que el hablar con sus fotografías sólo era un gajo del oficio que se había convertido el extrañarlo. Las cosas no habías sido fáciles. Había despertado de un sueño y había probado lo amargo del olvido y saboreado el sentirse solo así estuviera rodeado de mil personas más. Había aprendido que un abrazo no era reconfortante si no se trataba de la persona correcta, que una lágrima no era bienvenida si no se compartía de buena gana. Había aprendido a disfrutar de las pequeñas emociones que una broma te hiciera pasar y más si lograba despejar las nubes. Había aprendido a apreciar el cielo teñido de un gris opaco. Había aprendido a valorar el tiempo con las personas que amaba y ¿Por qué no? También había aprendido a perderlo y aun así todo parecía nulo y poco convincente para un Jun Myeon que se había dejado desplomar desde lo más alto como un avioncito de papel. Haciendo diferente  de como normalmente hacía, frente a Kris no podía fingir y usar esa mascara de luz que iluminaba las instancias de los que se perdían en los pesares que se acarreaban a diario. Estirar sus mejillas no era suficiente cuando demolían los pilares que te sostenían. Cada concierto dado había inyectado su corazón de los gritos que pedían por él y a sabiendas, esa era una de las tantas razones que se había inventado para no dejarse arrastrar por la corriente. El libro de la vida se había abierto para él para que intentara reparar las hojas que habían sido dañadas de tanto hojearse o para simplemente terminar de mutilarlo y arrancarlas para ignorar que existieron.  ¿Esa sería la verdadera razón por la que nunca había bloqueado el número del otro chico? ¿La razón de mandar todo al diablo e ir hasta su encuentro? Quería volver a recostarse en su almohada y dormir sin preocupaciones, cantarle a la vida y darle un beso cálido a los fantasmas que le despertaban cada madrugada. Inseguridad corría por sus venas pero añoraba todo y nada. Resurgir era una tarea que ya no podía esperar.

-Intente odiarte, intente ignorarte, lo intente al ver como diez personas más y cientos de rostros sin nombre sufrían por tu partida-Dijo con la voz rasposa tratando de justificar algo que creía necesario. Sus alegres ojos parecían apagados, como si alguien hubiera soplado y apagado la vida que en ellos habitaba-Pero no pude-Admitió con un sordo sollozo cerrando los ojos para no mirarle. Podía escuchar su respiración y si deseara grabar cada una de sus facciones para cuando se volviera a ir tener algo de él-Quise mentirme y pensar que todo estaba bien, que día tras día las cosas irían mejor, ¿Pero sabes? Sólo pude esperar a que llegaras. Como un tonto esperé días, semanas, hasta que las semanas se convirtieron en meses y los meses quebraron la espera-Conforme hablaba su voz se iba apagando. Cada palabra era una bofetada que iba cansando, que iba deshilando, que iba desbaratando y que le hacía entender eso no podía ser más que una segunda mala pasada del destino. ¿Por qué? No lo sabía pero la pregunta seguía flotando a centímetros del suelo esperando ser respondida, ¿Podría encontrar solución en los brazos del más alto?, ¿Qué era esa sensación que le ocasionaba su mano sujetándole de la muñeca?, ¿Estaba en casa? No, a los escombros no se les podía llamar hogar-¿Una oportunidad? Me pides una oportunidad ¿Y después qué?-Preguntó con un suave murmullo quedándose donde estaba. El dolor se había borrado de su rostro denotando una frialdad de la que no pensó podía contar. Jun Myeon quería seguir de pies, el polvo había sido un fiel compañero que lo recibía feliz pero que destilaba olor a orgullo maltrecho-¿Fingimos ser uno?-Cuestionó encontrando las palabras que había barrido y escondido bajo la alfombra. Había soñado ese encuentro y en cada sueño corría hacia él y suplicaba pero la realidad era tan diferente que no se podía describir el horror que causaba-Necesito tiempo Kris. Las cosas ya no son como cuando te fuiste, el mundo no se detuvo y nuestras vidas tampoco-¿No?-Pero te necesito, ¿Puedes quedarte un poco? Sólo un poco estaría bien-Los papeles se habían investido y ahora el que suplicaba era el chico más bajo. No tenía un por qué y si lo tuviera probablemente fuera quien envolvía su cuerpo.

Las contradicciones ya parecían moneda corriente circulando y pasando de mano en mano. Joon Myun conocía de primera mano su significado y un “No te necesito” mutaba en un “Te necesito”. Su alma volvía a quedar al descubierto, la cortina blanca que la ocultaba había sido retirada y ahora que los pedazos dispersos eran visibles querían encontrar respuestas que seguramente atormentarían sus noches, que desatarían el infierno o simplemente acallarían sus demonios. Separó sus frentes y contra lo que quería se sacudió la mano que lo sujetaba así como el brazo que le rodeaba. Por primera vez desde que había llegado decidió mirar a su alrededor donde las personas seguían concentrados en sí mismos. Conforme habían llegado los vuelos más gente caminaba hacia la salida, con su visión aún empañada no pudo ignorar a los amigos que se reían después de quizás mucho tiempo sin verse, de las familias que se estrechaban como si el instante fuera el último aliento y unas personas que vagaban solas, pero en la muchedumbre de miradas logro captar ojos curiosos que se clavaban en ellos siendo testigos de algo que Suho no deseaba compartir. Sabiendo a que estaba arriesgando todo y que eso le costaría más de lo que pudiera ofrecer por voluntad se hizo de la mano del otro y la jalo un poco hacia abajo sin decir nada. Necesitaba apartarse de las personas que iban y venían porque se ponían en riesgo de armar un alboroto que provocaría más atención de la que podían lidiar. Entrecerró sus ojos que a ese punto lucían aún llorosos y con una ligera hinchazón buscando un punto donde pudieran ir y por fin averiguar las razones del otro chico que lo habían llevado a desaparecer porque si quería una segunda oportunidad debía dar algo más que una disculpa sincera-Debemos irnos de aquí-Fueron la sentencia del rubio esperando que comprendiera a que se refería. Para personas como ellos dos el tiempo no dejaba de correr escurriéndose de entre sus dedos y ser acariciado era su última opción.
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Re: The Promise |YiFan/Privado|

Mensaje por Wu Yi Fan el Vie Oct 24, 2014 3:25 pm

¿Qué explicación pretendías oír? ¿En qué narices te basas para tomar el significado de amistad tan a la ligera? No lo entiendes y seguirás sin entenderlo… ¿Te soy sincero? ¿Quieres que sea yo quien se sincere aquí y ahora? Escúchame bien: no me gustaba esa estúpida empresa ni yo le gustaba a ella. Me tenían agarrado por los cojones y a veces pagaban con vosotros lo que deberían haber pagado conmigo a solas. ¿Piensas que no me he dado cuenta? ¿Cuántos todavía aguardan mi espera? ¿Cuántos jamás creyeron en la palabra traidor? Comprendo lo jodido y humillante que es cobrar un castigo por el cual no eres culpable. Aún así, ¿qué más podía hacer? A pocos les ha llegado a interesar mi opinión. Siendo de esta manera, ¿qué ganaba yo contando mis penas? Absolutamente nada.

«Cállate, ¿quién te crees que eres para hablarle de ese modo?», una voz furiosa resonó en el interior de su cabeza dejándolo sin habla durante unos instantes. «¿Desde cuándo te has convertido en un completo gilipollas?», seguía gritando el rabioso eco a través de un rencoroso silencio. «A él le importas; de lo contrario, nunca habría aparecido», Yifan necesitaba entender que no todo el mundo lo hubo mirado por encima del hombro o menospreciado como muchas veces había sospechado. «¿Te vas a rendir sólo porque ves que no puedes ganarle al destino que has impuesto sobre tus hombros?», la consciencia jugaba con su mente o se tornaba de golpe en su mejor aliada. «Discúlpate y serás perdonado». ¿En serio esos estruendosos murmullos llevarían razón? ¿Tendría que fiarse de algo semejante sin pruebas irrefutables? Ya era momento de retroceder varios meses atrás. Envolviéndolo, recuerdos de su maravilloso grupo intentaban calmar el gran huracán que se había desatado dentro de su pecho y destruía cada sonrisa pasada. ¿Dónde lidiaba ahí la traición? En ninguna parte. Entonces, ¿qué había ocurrido entre ellos para acabar así? ¿Qué le había ocurrido a él para acabar así? Su intención de encontrar respuesta a esas recientes cuestiones se vio interrumpida por los comentarios del otro muchacho. Frío, hiriente, distante… Inimaginable comportamiento viniendo de quien venía. No obstante, estaba en lo cierto. El mayor desvió la mirada con el rostro descompuesto y dejó de respirar por unos breves minutos. “Ser uno” había sido el lema de EXO antes de que el líder de la subunidad china decidiera marcharse sin avisar siquiera de su ida. Sentir rencor frente a dichas acciones era muy común y hasta el mismísimo Kris se había percatado.

De acuerdo, tómate el tiempo preciso. Supongo que las cosas no se parecerán a las de antaño, pero me gustaría quedarme a pesar de mis insensatas desapariciones. ¿Me lo permites? No lo merezco, aunque te estaría eternamente agradecido —tras haber sido apartado del tacto de Joonmyun sin miramientos, buscó su pequeña maleta abandonada. Se encontraba a escasos metros de ambas figuras, por lo que gastó unos simples segundos en retomarla de vuelta. En esa ocasión, advirtió a disgusto cada mirada furtiva que les era dirigida y, agarrando de nuevo su mano, se puso en marcha con el fin de localizar cualquier sitio en el que conseguir explicarse como era debido; porque no, sus justificaciones no habían finalizado. Es más, quedaba demasiado que contar.

Sus rápidos pasos los guiaron hacia uno de los tantos aseos masculinos que debería haber en aquel enorme aeropuerto. El cartel “fuera de servicio” colocado sobre la pulida superficie de entrada sólo les daba ventajas a la hora de no ser molestados. Miró a su alrededor sin soltar al otro y, obviando el mensaje, abrió la puerta –bendita sea su suerte, pues no estaba cerrada con llave– para colarse en el interior y volverla a entornar, bloqueándola gracias a su equipaje. El lugar, envidiablemente pulcro, permitía más resonancia de la que a Yifan le hubiera gustado, mas eso era mejor que nada. Un muro lleno de azulejos en color crema distinguía la zona de urinarios del área donde se hallaban los lavabos. Aprovechando tal separación, fue acorralando poco a poco al más bajo hasta obligarlo a quedarse con la espalda pegada contra los ladrillos. Su pulso se aceleró otra vez. Llegados a estas alturas, era imposible controlar el nerviosismo de lo que vendría después. Daba igual lo mala que fuese la situación: siempre podría empeorar. Sus brazos quedaron apoyados encima del brillante tabique, a ambos lados de la cabeza ajena. Sostenerse en la pared era algo de lo que requería con urgencia o caería estrepitosamente de rodillas al suelo. El silencio se había apoderado de la atmósfera incómoda que los rodeaba y lo único capaz de romperlo era el incesante bullicio del exterior. Eso y el ronco sonido de sus cuerdas vocales al hablar. Por fin sería valiente. Por fin se abriría a alguien que creía de confianza. Por fin dejaría todos los temores y arrepentimientos a sus espaldas. Cargar con tanta presión lo estaba destruyendo por dentro y había situaciones en las que tenía que ser expulsada cuanto antes.

Canadá es un país bonito en realidad —comenzó, no muy seguro de sí mismo—. Sobre todo cuando es el sitio en el que te enamoras hasta los huesos por primera vez en tu vida. ¿Cometí un error al dejarme guiar por mis sentimientos? Hah… Ni te lo imaginas. Esa joven me encandiló y me llevó por el peor de los senderos. ¿Quién iba a pensar que estaba enrolada en el mundo de las drogas? Yo, desde luego, no. El amor ciega y ese fue mi problema. Le di lo que estuvo en mi mano para contentarla y no me importaba de qué forma lograrlo. Gracias a ella, conocí gente que estaba bastante bien. Me equivoqué. ¿Cómo te sentirías al entablar una amistad que tú solo vas a romper de la peor de las maneras? La marihuana, el hachís… Es puta mierda, ¿sabes? Todo eso es puta mierda. Sin embargo, no eres consciente cuando vas colocado hasta el culo, y tampoco cuando pillas una moto para hacer el imbécil delante de tus nuevos amigos con tal de enseñarles quién es el amo. ¿Quién es el amo en esas condiciones? Únicamente aquel que coge el único casco que hay para dos, toma una curva cerrada en exceso, derrapa y se estampa de boca contra un jodido paredón. ¿Quién es el amo? Aquel que se da cuenta de lo fatal que le va tras haberle reventado los sesos a su compañero en el accidente. ¿Quién es el amo? No lo sé… Tan sólo yo… Demasiados errores he cometido. Quise olvidar al igual que tú, pero no pretendía arrancaros de mi memoria a ninguno de los once…

En los ensayos de tracción, la pieza expuesta a la prueba es sometida a grandes tensiones con el fin de forzar su ruptura. Yifan era esta vez la pieza destinada a convertirse en polvo. Por inercia, se inclinó sobre Suho hasta que sus miradas vacías de esperanza se cruzaron. El traqueteo de los viajeros al rondar el aeropuerto se había vuelto más audible que nunca. Ya no sabía qué hacer, qué decir… Sentía como si todo lo que necesitaba escupir fuese en vano. No obstante, parte de él suponía que estaría correcto; que, aunque las cosas no iban a mejorar en absoluto, un tremendo alivio invadiría su pecho y no se hallaría en deuda con nadie; que, cuando ya has sobrepasado tu propio límite, no hay más vuelta de hoja. Lo pasado está pasado y ningún ser humano sería capaz de cambiar eso. Lo había tenido en mente y lo seguiría manteniendo a menos que cualquier señal le indicase que era hora de cambiar. La señal, para sorpresa de Kris, se convirtió en sus súplicas desamparadas: —Perdóname… Siento mucho haber hecho lo que hice —entonces, el ruido externo cesó. Sus sinceras disculpas provocaron que los labios del desertor rozaran la pureza de los contrarios. ¿Sería posible que el reloj de la alacena hubiese dejado de contar? El tiempo a su alrededor había dejado de existir mientras, desesperadamente, abrazó a una de las únicas personas que lo apreciaban de verdad. Por primera vez tras muchos meses de severa angustia, no pudo retener el frío llanto que le calaba el alma. Los padres enseñan a sus hijos todos los conocimientos de los que presumen a edad temprana. A pesar de ello, jamás les mostraron cómo lidiar con sus turbulentas emociones.
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Re: The Promise |YiFan/Privado|

Mensaje por Kim Joon Myun el Sáb Ene 03, 2015 12:18 am

La gente que los miraba interrogaban con sus ojos cuál era la situación. Suho tragaba saliva sin saber a dónde moverse. El aeropuerto que tantas veces había pisado ahora parecía demasiado grande y aterrador. No sabía que direccionar tomar sin ser seguido por los curiosos. Sus ojos lucían hinchados y rojizos; escociendo, le obligaban a parpadear.

-No puedo cargar con tus errores, no puedo hacerlo aún más-Las costuras se iban desprendiendo una a una dejando pequeñas fisuras expuestas a terminar de desangrarse-Pensarás que no es justo para ti, ¿Acaso lo es para mí? Te marchas, regresas, y quieres encontrar lo que construiste y destruiste. Te puedo guiar a los escombros pero no me pidas que te edifique un nuevo hogar cuando estoy luchando para que el mío no se desbarate-Sorbiendo la nariz trató de retener las lágrimas atascadas. Tal vez, por un día eran suficientes para dejar de arrastrar los pies. Despacio giró el rostro para romper el contacto con los labios del chico. El corazón del líder estaba tan frío que el calor parecía un dulce recuerdo de primavera-No son mis labios los que quieres besar, no soy a quien quieres abrazar-Había prestado atención a sus palabras aunque no lo pareciera. La tormenta que golpeaba a las orillas había entrado en pausa; peligrosamente los vientos que se arremolinaban cesaban. Aún podía recordar las noches en que se había imaginado verlo otra vez, incluso a la luz del día las divagaciones eran cosa de rutina-Vienes ahora que te miras acorralado. Dices que te enamoraste y no te culpo, pero hay una gran diferencia entre perdonar y olvidar-El aire rápidamente escapaba de sus pulmones obligándose a hacer más pausas de las que hubiera necesitado en otra situación. No necesitaba esforzarse más y seguir fingiendo-Elegiste un camino que se apartaba de nosotros, ¿No podías hablar con la verdad? Tú disfrutabas un amor de papel, disfrutabas sin darte cuenta de la destrucción que a tus espaldas se consumía, así que ahora no me digas que quieres regresar porque no somos tu segunda opción, no somos lo que puedes tomar cuando quieras, así lo siento-¿De dónde salían las palabras? Unas con otras se unían en oraciones que el propio Suho no terminaba de entender, pero si las callaba su corazón podía explotar. La madurez emocional no se alcanzaba llorando o quejándose contra la vida y ahora que el extraviado volvía a pisar el mismo suelo, Jun Myeon lo entendía. El niño que había sido por semana buscando consuelo en la madre noche ahora recolectaba las piezas del rompecabezas, algunas no terminaban de encajar.

De alguna forma Joon Myun se sentía herido y traicionado, pero de otra quería sanar y perdonar. Correr hacia Yi Fan había sido una decisión imprudente y no razonada en consecuencias pero después de esperar por meses la oportunidad había llegado. Ante cada ser humano que habitaba el planeta un abismo se abría frente a él, algunos decidían arrojarse y dejarse llevar, otros, temerosos, aguardaban hasta que la vida misma consumía sus esperanzas, y sus alas con las que contaban y no sabían, se desbarataban. El vuelo estaba emprendido, Jun Myeon había golpeado con una nube de reproches así mismo y de la experiencia no quería salir con las manos vacías. El regresar con sus compañeros marcaría el retorno de quien había sido y renacía de entre las cenizas. Las semanas las había soportado con las fuerzas que buscaba debajo de la cama; justo ya no era seguir lamentándose por algo que no había sido su culpa, pero ver al resto resquebrajándose le había hecho pensar que era su culpa y su deber cargar con penas que no eran suyas. El mirar a su ex compañero nublaba su visión, sus ojos continuaban empañándose pero las lágrimas se negaban a caer y rodar hasta perderse en los surcos de sus facciones. Quizás, sólo quizás, el corazón también se rendía y conocía el punto de quiebre.

Su mente no terminaba de canalizar la caricia que habían hecho sobre los suyos unos labios ajenos. El contacto había sido suave y casi imperceptible. Un beso que podía no considerarse beso. Si la situación fuera otra, ¿Cómo se sentiría?, ¿Acaso el corazón palpitaría desbocado?, ¿Habría querido buscar algo más que un roce? Más y más preguntas iban a apareciéndose, grabándose una a una. No había cabida para pensar en algo así porque después de todo estaban en el presente y el presente era un páramo desolado.  Algo le decía a Jun Myeon que limpiara sus labios, que borrara las huellas, que no permitiera se fundieran o pagaría las consecuencias. Y de la nada las lágrimas volvieron a brotar. La capacidad de un corazón para destrozarse era asombrosa-Ya no sé qué hacer Yi Fan. ¿Por qué regresaste?-Sabía la respuesta a su pregunta pero aún así quería seguir buscando algo que no encontraría-Quieres culpar a todos pero menos a ti, miras los errores de todo menos los tuyos; te gusta destruir, te gusta destruirte. Si no hubieras regresado quizás el tiempo hubiera hecho su trabajo y hubiera llegado un día en que ya no te recodaríamos, serías sólo un recuerdo y trago amargo que en nuestros pensamientos aparecería-Sin fuerzas comenzó a empujarlo. Necesitaba aire, las paredes se volvían contra él. El aroma a detergentes se envolvía en sus fosas nasales y la capa de hielo iba cubriendo cada parte de su cuerpo para protegerse. Por fin las palabras habían dejado de fluir, ya no necesitaba decir más. El tiempo se había terminado. No deseaba descubrir los sentimientos que se arremolinaban en el centro de su pecho, tampoco las dudas que abordaban las salidas. Si era posible, incluso se permitiría arrancar las hojas de su historia de vida.

En el fondo quería perdonarlo, ofrecerle su protección y tenderle la mano que él había necesitado pero los tajos eran tan profundos que se negaba a aceptarlo. El panorama era una fusión de colores distintos a la espera de expresarse. Sus manos temblaban queriéndose aferrar al mayor, cedió por unos segundos llevando los dedos hasta el rostro del chico. Con delicadeza apartó las lágrimas traicioneras. No necesitaba palabras. Aún se debatía en el permanecer unos minutos más o simplemente irse por donde había llegado. La primera impresión al verlo había sido sorpresa y esperanza, mezcladas con la tristeza y la soledad, pero ahora era imposible saber qué sucedía. Jun Myeon mantenía una aura de frialdad hacia su compañero cuando no hace mucho le había suplicado que no lo dejara, ¿Acaso era que el orgullo podía hablar? Esparciéndose por sus sentidos cobraba vida sin interesarle la inmensa tristeza que Kris arrastraba y depositaba a los pies del líder. Joon Myun sabía perdonar y sabía brincar las piedras, más algo lo seguía jalando, obligándolo a hundirse en un pozo sin fondo. Temeroso a ser descubierto en la laguna de sus ojos, agachó el rostro en un acto de sumisión. Dolía, le dolía saber que él ni sus compañeros habían estado en la mente del chico chino. Dolía saber que se había enamorado de alguien más, ¿En realidad eso importaba? Lo miraba como un hermano, o al menos hasta que estuvieron juntos, ¿Cierto? Había conservado la mínima esperanza de que hubiera regresado porque se arrepentía y los extrañaba. Aunque sus labios callaran y lo ignorara, ser el receptor del mensaje había sido como ser tocado por el sol después de inmensa oscuridad, pero se había engañado porque el otro chico había regresado porque la vida no lo había tratado bien. Unas gotas de agua salada siguiendo corriendo cuesta abajo. Nuevos pesares se acumulaban en su espalda. Los hechos que iba descubriendo eran nefastos y punzantes. El conocer que era el único que se había preocupado y el que había soñado, le hería, de verdad que sí-No es justo Kris-Murmuro hipando. Nunca se había detenido a pensar en los verdaderos sentimientos que por el otro sentía. El papel de la “omma” y el “appa” había sido un juego divertido, pero al parecer alguien se lo había creído.
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Re: The Promise |YiFan/Privado|

Mensaje por Wu Yi Fan el Vie Mar 06, 2015 9:12 am

No estoy pidiendo que cargues con mis errores. Tampoco estoy diciendo que quiera pagarlos contigo —comenzó a farfullar en voz baja. Hacía tiempo que su mente y corazón se habían separado y ya no sabía cuál de los dos intentaba hablarle con la claridad suficiente como para disipar todas las dudas relativas a aquella incómoda situación—. Mi intención no era terminar así, jamás busqué dañaros o dañarme a mí mismo. La época dorada que me ataba al grupo se desplomó: era hora de cambiar de aires. Sin embargo, las cosas no pudieron ir peor. Es cierto, estoy seguro de que también lo piensas ahora… Sólo soy un fracasado que quiso arriesgarse en vano, que escogió un camino diferente al vuestro por contradecir a media sociedad. ¿Andaba persiguiendo un sueño ilusorio? Creía que conocía la realidad, pero me equivoqué —volvió a repetir por segunda vez. Cada palabra mencionada se transformaba en un insólito pozo sin fondo cuya salida nunca sería mostrada ante la mirada de Yifan. Escogiera el movimiento que escogiese, cualquier paso en falso lo arrinconaba contra una esquina donde las paredes estaban infestadas de fríos punzones oxidados. Dejarse caer sobre ellos sería lo único recomendable en momentos de tal calibre; aunque el muchacho había abierto sus ojos, los cuales no eran capaces de contener esas bobas lágrimas renegadas que querían delatarlo, y al fin parecía perfectamente consecuente frente a la inmensa cantidad de sentimientos desolados que estallaban sin parar en el interior de ambos pechos. Su nublada vista quedó posada de nuevo en los labios ajenos. No quedaba ni un ápice de razón en el más alto de los dos, pues ese imperceptible beso había hecho saltar por los aires las pocas neuronas sensatas que todavía conservaba: de ser otra la circunstancia que los reunía en los aseos de aquel aeropuerto, acaso habría buscado algo más allá de una mera caricia. «¿En qué cojones estás pensando?», su consciencia se pronunció por enésima vez y lo hizo reaccionar. «Eres un completo gilipollas», las rudas verdades de su alma lo obligaron encogerse en el sitio. De no ser por la estabilidad de sus piernas, hubiese jurado cómo el edificio se derrumbaba encima de sus hombros. Las disculpas no habían servido de nada y sus ánimos quedaron desperdigados por los suelos. ¿Se asombraba? Hubo confiado en el perdón de su compañero durante escasos segundos, mas las traiciones nunca son olvidadas.

Poco a poco, siguiendo la dirección hacia la que lo empujaban sus brazos, fue separándose de aquél que había sido su “líder” alrededor de año y medio. Kris no tenía causas concretas muy diferentes a las que había aclarado en un principio acerca de su regreso. Quizá sus argumentos carecían de total comprensión, pero no se pueden sacar explicaciones de un saco vacío. Los pensamientos del mayor se habían propuesto la meta de destruirlo e hicieron cruzar por sus recuerdos imágenes del terrible accidente en el que se vio involucrado, de una inmensa multitud aguardando en filas descomunales para entrar en sucias discotecas, de esa vil mujer a quien culpaba por el indescriptible conjunto de fallos cometidos. Exacto, ni se culpaba ni procuraba echarles las culpas a sus grandes amigos. La exclusiva responsable de aquel destino era ella, nadie más que ella: —Si pretendes regañarme a estar alturas por el simple hecho de haber regresado a casa, ahórratelo. Te pedí a ti expresamente que vinieses y has venido. De no querer verme, ¿por qué te has molestado en desplazarte hasta aquí? Lo más sensato hubiera sido borrar ese estúpido mensaje —giró la cabeza con molestia y lo sacó de su rango de visibilidad. Se estaba ahogando y el enorme nudo que se había implantado en su garganta no ayudaba a cambiarlo. Sus pupilas se clavaron en la amplia superficie de espejo que decoraba los servicios y sólo así logró darse cuenta del demacrado aspecto de sus rasgos faciales—. No merece la pena, Joonmyun —comentó de forma inaudible. No obstante, el eco del cuarto emitió una réplica de sus susurros. Acto seguido, tomó al otro muchacho por la muñeca y estiró de él con cuidado, colocándolo justo delante de su cuerpo. Sus reflejos mostraban más de lo que ellos eran capaces de imaginar en un primer lugar—. No merece la pena sufrir por alguien como yo —las yemas de sus dedos rozaron sus ardientes mejillas desde atrás en un intento nulo por secar las cascadas que las recorrían de norte a sur. De manera involuntaria, se aferró a su pecho y lo apretó contra el propio. Los latidos de uno y otro resonaban inquietos a la par—. A pesar de todo, no tengo ningún derecho a decirte cómo vivir tu vida. Aun así, considéralo una súplica y sal adelante. Es posible que el resto de la gente, entre la que me incluyo, ya haya consumido su apreciada oportunidad.

El abrazo que los mantenía unidos se fue desvaneciendo. Sentía que la cercanía tenía cuchillas y podrían desmembrarlos por completo en apenas un par de segundos. Dio unos cuantos pasos de espaldas y acabó reposando las últimas pinceladas que guardaba de fuerzas en la puerta. Sus talones chocaron con la carcasa de su maleta y, atrapado cual presa a punto de ser devorada, la levantó para dejar la entrada prohibida libre. Una de sus manos se deslizó con lentitud al bolsillo posterior de sus pantalones, del que sacó una cartera de cuero cobrizo. Dentro de la susodicha se encontraban monedas de escaso valor, tarjetas de crédito anuladas, billetes gastados por el uso ajeno y una hoja doblada incontables veces. Sus labios desataron una cadena de suspiros y silenciosos sollozos de los que no era consciente. Los temblores habían vuelto a apoderarse de su ser conforme sujetaba ese misterioso folio y lo abría lentamente: —Hemos perdido demasiado tiempo, así que sólo lo preguntaré en una última ocasión. ¿Me perdonarás algún día? Todavía estás en tu derecho de salir de aquí y conseguir olvidarme, como has dicho, para siempre. De lo contrario, me gustaría que cogieses esta nota de… suicidio y te deshagas de ella. No quiero continuar atado a un pasado de mentira, sino empezar de cero contigo —quien dijo que las palabras no duelen se confundía. Con la voz desquebrajada, introdujo el trozo de papel en los vaqueros contrarios y cerró los párpados mientras los pulgares de su camarada secaban estos de amargura—. No estoy por la labor de dejarme amparar en el azar, por eso espero que seas tú quien decida lo que pasará tarde o temprano con este idiota —lo bueno de Yifan, ejemplo de persona “impasible”, era que sus limitadas muestras en lo referente a personalidad se trataban de algo real. Ante Suho estaba exponiéndose con plena sinceridad y deseaba, desde lo más profundo de su alma, resurgir de sus cenizas. Las probabilidades de ser premiado con un nuevo futuro se alejaban más y más de él hasta su desaparición. Abatido, se preguntaba si el menor iba en serio cuando afirmaba querer borrarlo de sus memorias permanentemente. También se preguntaba si servía pensar en esa suposición; al fin y al cabo, nadie se acuerda del nombre de las flores pisoteadas.
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Re: The Promise |YiFan/Privado|

Mensaje por Kim Joon Myun el Vie Mar 13, 2015 9:46 pm

Acarició el borde de sus manos. Con nerviosismo miró la puerta donde la salida le esperaba. Lo único que debía hacer era mover las piernas, unos pasos y todo llegaría a un fin, un fin donde Yi Fan ya no pertenecería a su vida. El hecho de querer arrancar las páginas manchadas por tristes memorias lo hacían temblar; ellas lo habían mantenido cuerdo, ¿Cómo hacerles eso?-No sé por qué acudí-Confesó con la voz quebrada-Yo estaba con los demás y cuando leí tu mensaje fue como si algo me jalara hasta ti. No pensé en las consecuencias, sólo corrí hasta tu lado-Ya no era capaz de bajar la mirada. Sus ojos comenzaban a tomar una hinchazón, generando una leve incomodidad al parpadear. Los minutos mintiendo le habían cansado hasta un punto que era imposible seguir fingiendo que no le importaba, que olvidarlo sería una cosa sencilla de resolver. ¿Es que de verdad el mayor no podía ver la claridad de sus sentimientos? Con ese pensamiento el líder trataba de comprender el hecho de no desmoronarse con su simple roce. El ambiente era sofocante, la cuerda que sostenía sus destinos estaba tensada, las hebras se iban deshilando y soltando poco a poco. Lo sentía, Suho lo sentía y sabía.

El chico más bajo quedó inmóvil cuando algo se introdujo en el bolsillo de su pantalón. La duda de saber si había escuchado correctamente le impulsaba a revisar la hoja maltratada. Siguiendo el impulso la tanteo con los dedos sudorosos, la sacó y echó una mirada que acabó en un sollozo apagado-¿Te querías suicidar?-Una solitaria lágrima rodó y con la manga la limpió-Me enoja, me enoja que no puedas hacerte responsable de tus decisiones, pero también me hiere que no regresaras antes-Su palma picaba, el cosquilleo de querer estrellarla contra el rostro del chico chino era frustrante. ¿Por qué era tan difícil mantener un sólo sentimiento? Había querido ignorar el dolor del otro, porque de donde uno lo mirara había sido su decisión abandonar el barco. Nadie lo había forzado y cuando se habían quemado el aún así no quiso regresar. ¿Qué es lo que había pasado en verdad? Suho sentía que sólo había mirado la superficie y que había tanto que saber, que se temía no quisiera enterarse. ¿Podía arrojar a la basura todos esos años juntos? Kris lo había hecho, ¿Podría él también hacerlo? ¿Algo hubiera cambiado si Yi Fan continuara como debía? ¿Era que sentía algo más que amistad por Kris? No, eso en definitiva era algo que estaba prohibido imaginarse, pero entonces ¿Cómo explicaba esa calidez casi imaginaria que había sentido cuando sus labios se tocaron? Mejor dicho, ¿Por qué si quiera lo había besado? Su cabeza estaba por explotar. Las interrogantes se iban acumulando y los sentimientos desbordando. Amor, traición, celos, soledad, vacío, resignación, cariño, compasión; unidos transformaban el alrededor. A los ojos de Jun Myeon, Kris parecía perdido, perdido y abandonado por todos. ¿Qué tan cruel podía ser el destino? El perdón se podía dar, pero el olvidar no era igual de sencillo y simplemente ahora arriesgaría  todo por Wu Yi Fan. Su carrera, sus sueños, ¿Y el resto de los miembros? ¿Les podría contar? Así como él se había sentido traicionado, ellos también. ¿Qué tan difícil seguiría siendo?

De alguna u otra forma se sentía vacío. Pequeños baches que no tenían sentido se esparcían por sus pensamientos. ¿Qué es lo que realmente había esperado? Kris no era ninguna clase de héroe con capa, al contrario, meses atrás venía siendo el cliché de villano. ¿Entonces? Suho se permitió mirar a través de sus empañadas pupilas, parpadeando continuamente esperaba notar un cambio, un cambio que no fue capaz de ver. Su parte racional le suplicaba que se fuera; Yi Fan no había estado con él cuando lo necesitaba y nada le aseguraba que se quedaría. Por otra parte, su lado egoísta y destructivo sabía que no podía permitir que se volviera a ir. El aire aún era asfixiante, las heridas seguían latiendo, pero de cierta forma no era como antes. Una mano temblorosa comenzó a cortar la distancia, tímida y precavida rozó los dedos del mayor hasta que los entrelazó con los suyos. No era la primera vez que lo hacían, sin embargo se notaba muy diferente el tacto. El tiempo y los dolores podían quebrar las ilusiones, subirte a lo más alto y tirarte sin piedad. El chico más bajo había echado su suerte al aire, la moneda continuaba girando, girando y dándole a elegir. El tiempo no se podía cambiar ni el futuro predecir... Desde el principio había sabido su respuesta sin saber la pregunta-No podemos cambiar nada. Te equivocaste y nos hiciste mucho daño. Fue difícil seguir adelante, tuve que asimilar que ya no ibas a estar y así nunca pensé en siquiera odiarte. ¿Cómo odias a quien quieres?-Un suave apretón envolvió los dedos que JunMyeon aún mantenía agarrados-Será difícil volver a empezar, pero quiero intentarlo, así que no te vayas. Quédate conmigo-Lo había dicho un río de lágrimas después, mil y una noches sin dormir y al fin lo había dicho. Acercándose con precaución sus labios buscaron la piel de su mejilla. Un beso tímido se plasmó por segundos que se permitió-Quiero ser tu salvación, quiero que me mires a mí antes que al resto, quiero que sepas estoy aquí. Quiero ser yo-Las palabras volvían a su boca. Seguía sin comprender muchos sentimientos. Era cierto que los meses habían sido largos, pero ninguno había sido capaz de explicarle el dolor que le había provocado la partida del chico chino. Ahora que tenía su decisión no temía perder nada, porque si Kris no hubiera regresado, probablemente así continuaría-Tenemos que irnos. No pueden saber que estamos juntos-“Juntos" era la palabra que volvía a conocer. Su sabor dejaba gajos dulces, tan dulces que una sonrisa torcida renació de entre las tristezas. No era una sonrisa de compromiso, de ironía, no, era una sonrisa de complicidad. El secreto que sólo dos personad iban a descubrir.

Mandando todo al diablo alargó su mano para jalar del brazo al otro chico. Pronto terminó por enredarse en su cuerpo, usando sus pies de plataforma su subió sobre ellos para así poder quedar a la altura suficiente de hacerlo inclinarse y juntar sus frentes-Te extrañé, Kris. No me dejes, por favor-Marcado por el compás de los latidos de su corazón los minutos ya no parecían caminar-Escapemos. Vamos a escaparnos-Aún si la idea no era acertaba o posible, Suho quería soñar con que podía, porque al fin había dejado de pensar en el resto para pensar en si mismo. El futuro era incierto, no sabía qué pasaría las próximas horas y tal vez pagaría con creces el querer rescatar a su compañero, pero cuando quieres a una persona ya nada tiene sentido. La ilógica se vuelve comprensible y arrojarse a la deriva sólo pronostica felicidad. Jun Myeon necesitaba escapar un momento de la realidad, perderse en la protección del mayor y eso era algo que nadie había podido darle. Había mucho que discutir, frases no dichas, disculpas calladas, gritos sofocados y disculpas desechadas. Faltarían más noches en vela que compartir. Ambos se mostrarían el desastre en que se habían convertido para tratar de seguir adelante. El pasados no se iría, tampoco los problemas, seguirían ahí, sobresaliendo en días oscuros, arañando algunas veces suavemente y otras con fiereza. Se permitirían temer, se permitirían dudar, pero Suho cargaba la esperanza que pensaba estaba perdida. Día con día pondría su rostro al sol y las lágrimas que había derramado serían un triste recuerdo de lo que ya no quería. Barridas bajo la alfombra y fumadas en una tarde. ¿Dejarlo todo por alguien? ¿Aplastar el orgullo? No, el más joven comenzaba a verlo desde un punto donde el resto no podría comprender. El sentimiento depositado no era para calmar su necesidad, su tristeza, era algo más puro y limpio. Algo que deseaba compartir con el chico que había escapado.
Kim Joon Myun
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Re: The Promise |YiFan/Privado|

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