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En general, aconsejaría no copiar y ser original, pero porque no hay mucho de dónde plagiar, todos los foros de kpop tienen esta historia.

En fin, la edición de las fotos es nuestra, y del diseño de codes/html/css (o del usuario según corresponda) atrévete a plagiar alguna y te asesinaré mientras duermes ♡
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Don’t tell anyone about what will happen - {Lee Ki Kwang}

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Don’t tell anyone about what will happen - {Lee Ki Kwang}

Mensaje por Yong Jun Hyung el Sáb Nov 15, 2014 1:14 pm

Secretos, secretos, secretos. Todo el mundo guarda al menos uno de ellos encerrado bajo llave en lo más profundo de su mente, en lo más profundo de su corazón. ¿Cuál es el significado de esa palabra? “Secreto” es cualquier cosa que se mantiene reservada sin que nadie sea consciente de la misma, que está cuidadosamente oculta para que el resto de personas no lleguen a conocerla nunca. “Secreto” es, acorde a los pensamientos de Junhyung, esa estúpida obsesión desarrollada hacia alguien insospechado, y ese alguien se llamaba Lee Ki Kwang. ¿Qué iba a hacer ahora? Estaba jodido hasta el cuello. Muy jodido. Completamente jodido. Llevaba días, semanas e incluso meses pensando en él de una forma que el muchacho no se merecía. Porque, en efecto, no se merecía que uno de sus compañeros de grupo quisiera tumbarlo en su cama y tocarlo con tal de oírlo gemir su nombre. Las fantasías se habían vuelto tan enfermizas que rozaban el terror de la lujuria. Podría haberlo dejado pasar, que cada elemento de mierda que rondaba su cabeza se pudriese con el paso del tiempo. Podría haberse acercado a otro miembro de B2ST y ahogado cada imagen que su cerebro describía sobre el menor de vez en cuando. Podría haber tomado ciento una decisiones en lugar de planear todo lo que tenía planeado. Se detestaba, sí; mas necesitaba alguna señal que lo bajase de su nube cuanto antes.

Eh, ¿vas a venir esta noche? Me harías un favor —mientras escupía las palabras con un insultante tono tembloroso, su mano libre tironeaba de un par de mechones de pelo como si así la sensación de repulsión que crecía en su interior tendiese a amainar—. He intentado localizar a los demás, pero parece que están ocupados. Eres mi última opción.

Desde la ruptura con Hara, ese chico había sido el único que le hubo prestado un hombro sobre el que llorar y, como bien dice el dicho, “del roce nace el cariño”. Lástima que, en ese caso, el simple deseo de sexo desenfrenado incitase sin cesar y empañara los buenos sentimientos. «¿Por qué?», se cuestionaba de manera constante. «¿Por qué he tenido que acabar así delante de su cara?», se preguntaba con desesperación ante tantas vías cortadas. Un suspiro apesadumbrado huyó de sus labios segundos previos a finalizar la llamada. Sus ojos, vacíos de autosatisfacción, rondaron el cuarto de aseo en silencio: era momento de aclararse un poco las ideas. Aunque no había nadie más rondando su casa aparte de su adorado bulldog inglés, siempre tuvo por costumbre echar el pestillo cada vez que entraba en la ducha. Al abrir el grifo, las frías gotas resbalaron por su espalda. Cualquier persona cabal habría usado agua templada o, generalmente, caliente. No obstante, sentir conjuntos de escalofríos recorrer cada vértebra de su columna conforme el vello de su piel se erizaba era una de las mejores sensaciones del mundo y, acostumbrado a ello, no estaba de acuerdo con probar nuevas experiencias. Por suerte o por fortuna, esa escasa tregua consigo mismo logró tranquilizarlo y desviarlo del tema que lo crucificaba. Con unos pantalones anchos, la primera camiseta oscura que encontró en su armario y una toalla al cuello, se dirigió a la sala de estar. Hyungnim aguardaba su comida en el interior de la pequeña jaula que Joker había montado para él años atrás. A veces, el animal también precisaba algo de cariño, y puesto que el joven andaba en su misma situación, no dudó ni un instante a la hora de tomarlo en brazos y juguetear con sus pequeñas patas.

¿Qué debería preparar? Creo que unas cuantas pizzas serán suficientes —comentó cerca de la suave oreja de su perro—. Kikwang no es de tragar mucho, ¿o sí? Vamos, te estoy preguntando —escenas familiares de ese tipo eran comunes entre ambos: uno hablaba, el otro escuchaba—. ¿Las cervezas están frescas? ¿Las puse en el frigorífico? Maldita sea, chucho. Algún día tendrás que responderme… Resulta agotador ser quien cuenta sus penas.

Dejando a la mascota en el suelo, se aproximó a la cocina. Todavía llevaba el cabello mojado, así que cogió la toalla que reposaba sobre sus hombros y lo secó como tan bien le hubo enseñado su padre: a base de extraños movimientos, azotando cada raíz. Una vez hecho esto, abrió la nevera y buscó con la mirada alguna pista acerca del paradero de su futura cena. Detrás de cinco cacharros de plástico, un bol de fruta y varios botes de mermelada se hallaban las deliciosas pizzas que metería al horno minutos después. Orgulloso por la pinta con la que modelaban mientras el queso comenzaba a fundirse debido al extremo calor del electrodoméstico, volvió sobre sus pasos y se tiró cual peso muerto encima del sofá. Para alguien daltónico como él, un mueble rojo debía de ser toda una experiencia. ¿Era en serio de ese color? ¿Tal vez le parecería verde? ¿Quizás marrón? El inesperado timbre de la puerta por poco lo hizo rodar del sitio. Rápidamente, caminó hasta la entrada y una breve sonrisa estiró las comisuras de sus labios hacia arriba al ver a través de la pantalla del telefonillo de quién se trataba: su invitado especial había llegado. La breve espera por encontrarlo frente a frente se sintió eterna. Sin embargo, el otro muchacho apareció por la puerta antes de que Junhyung pudiese ser consciente. Recorrió su abrigado cuerpo con la vista, intentando adivinar qué se escondía debajo de tanta ropa. Menos mal que Hyungnim vino a darle la bienvenida a Kikwang y, de paso, despertar al imbécil de su dueño de sus películas eróticas. ¿En qué más podría pensar? Las circunstancias eran tristes.

Has tardado demasiado —inquirió el mayor apenas encararlo conforme estiraba una mano hacia su muñeca. Quiso decir alguna idiotez todavía más ingeniosa, mas un olor a quemado y el mordisco gratuito que le propinó su ya no tan amado animal obligaron al joven a salir corriendo pasillo adelante—. ¡Mierda! ¡¿Por qué os habéis quemado?! ¡Hace nada que he conectado este puto trasto! Joder —se quejó, dándose cuenta de la barbaridad que había cometido: el temporizador estaba bien, pero la temperatura rondaba los doscientos grados y no salieron ardiendo de milagro, un aplauso.
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Re: Don’t tell anyone about what will happen - {Lee Ki Kwang}

Mensaje por Lee Ki Kwang el Miér Mar 04, 2015 1:10 pm

Desde hacía algún tiempo las cosas en el grupo eran un tanto extrañas, Ki Kwang no sabría definir exactamente qué era lo que causaba esa extraña atmósfera y la verdad era que hacía tiempo que había dejado de buscarle un sentido. Sin embargo la cosa que más lo inquietaba era pillar al rapero de su grupo mirándolo fijamente, casi sin pestañear. ¿Qué le pasaba a Joker? Hasta donde Kiki recordaba no le había hecho nada malo así que las miradas, que él pensaba que eran propias de un asesino en serie que planeaba la lenta y dolorosa muerte de su próxima presa, cada vez conseguían incomodarlo más. Lo último que recordaba antes de que esas inusuales miradas hiciesen acto de presencia era haber estado animando al mayor con respecto a su ruptura con la vocalista de Kara, Ha Ra. Mas nada relevante había ocurrido como para causar el odio de Jun Hyun, a no ser que este se hubiese armado una película en su cabeza sobre algún escenario ficticio donde Kiki se quedaba con su exnovia y le robaba su adorado perro o algo por el estilo. ¿Quién sabe?

El segundo maknae de B2ST estaba buscando la forma de averiguar qué era lo que perturbaba a su hyung para así poder pedirle perdón si era necesario, pues no quería que su grupo acabase distanciándose, a él le gustaba su singular familia amorfa. Las oportunidades de pasar tiempo a solas con Joker, para hacer “trabajo de investigación”, era prácticamente nulas, ya que el chico parecía hacer poof y desaparecer de la faz de la Tierra en cuanto los ensayos terminaban. ¿Estaría evitándolo? De acuerdo, esto era cada vez más sospechoso y no le estaba gustando ni un pelo. No obstante la oportunidad se presentó por sí sola. Recibió una llamada de Joker pidiéndole que se acercara esa noche a su casa, y como la curiosidad mató al gato y Lee Ki Kwang fue detrás a ver qué le pasó al minino, aceptó la propuesta del rapero sin pensárselo dos veces. La sed de respuestas era demasiado grande. Quizás por eso ni se molestó en cerciorarse de si era cierto que los demás del grupo estaban atareados y no podían ir.

Siguiendo una de las cuantiosas costumbres de su país, Kik vagó por las calles de Seúl en busca de algo acertado que llevar para la quedada con su compañero. No estaba muy seguro de que quisiese otra vela aromática más, y Doo Joon ya le había regalado un set de tazas y cuencos. ¿Qué demonios se le puede llevar a alguien que puede comprar lo que quiera? Acabó decidiéndose por lo más normal, y con toda seguridad algo que le salvaría la vida si cierto hyung ponía a prueba sus dotes culinarias. Caminó hasta el supermercado más cercano y compró un par de provisiones para pasar la noche sin morir de hambre o verse obligado a comerse un masaclote humeante de procedencia desconocida. También compró comida basura, porque aquellas bolsas de patatas fritas le susurraban “llévanos a casa, Kiki”  y ¿quién era él para negarle tales deseos a unas señoritas tan deliciosas? O a aquellas galletas de sabrosa pinta y ni hablar de las tabletas de chocolate que… Sí, bueno, una vez al año no hace daño ¿cierto? Por caer en la tentación y cometer algún pecadillo de vez en cuando no pasaba nada.

Una vez pagados todos los caprichos comestibles se dirigió por fin a casa de su amigo, que gracias a los cielos no estaba muy lejos de allí. Todo perfecto, hasta que llegó al timbre y se quedó en blanco por completo. ¿En qué piso era que vivía? De perdidos al río, se puso a tocar timbre por timbre en busca de Jun Hyung, recibiendo contestaciones tales como “Puta vida, es que los vendedores de aspiradoras no dejáis de tocar los huevos ni por la noche.” o la amena conversación con una señora de  avanzada edad que trataba de organizarle una cita a ciegas con su nieta. Con una risa incómoda Ki Kwang se vio obligado a prometerle a aquella señora que algún día la visitaría y hablarían de su nieta, de lo contrario la mujer se negaba a colgar el telefonillo. Cuando por fin consiguió hallar el botón adecuado, sonrió con alivio al oír aquella voz tan conocida. Llegó a la puerta casi sin aliento y ahí estaba nuevamente esa mirada que le causaba escalofríos. Frunció el ceño, sin saber exactamente qué decir, aunque gracias a los cielos Hyungnim lo salvó de seguir pensando cuando se acercó a darle la saludar.

No es mi culpa que seas tan… Extraño, nunca sé qué traerte cuando vengo. — Murmuró entre risas, causadas por la cómica escena de Jun corriendo hacia la cocina y siendo mordido por su propio cachorro. Se agachó para recoger al perro del suelo, poniendo voz de retrasado cuando hablaba con él y recibiendo un lametazo en la mejilla como respuesta. — No me digas que eso era lo que pensabas darme de comer… — Tras dejar el perro otra vez en el suelo y quitarse la chaqueta había avanzado hacia la cocina, encontrándose con una estampa monumental: humo saliendo del horno. — ¿Estabas incinerando un cadáver? — La pregunta se le escapó al ver la temperatura que le había puesto al electrodoméstico. — Santo Cristo, da gracias de que tu casa no sea el mismísimo infierno en estos momentos, hyung.  — Sin poder resistirlo empezó a molestarlo al respecto. — Dime la verdad, tú querías hacer una parodia de Love the Way You Lie ¿cierto? — Procuró estar lejos del alcance de Joker para no recibir un latigazo con la toalla. — Tienes suerte de que haya pensado en todo. — En ese momento fue cuando puso la bolsa de sus compras sobre la encimera de la cocina, dedicándole una sonrisa de suficiencia. — Sal de ahí, no quiero que me mates con tus platos abstractos de dudosa comestibilidad.

Dicho lo cual, tiró de la manga de su camiseta para sacarlo de la cocina. Arremangándose las mangas de la sudadera que llevaba, observando de cerca el regulador de la temperatura del horno, obviamente después de sacar los restos calcinados de la que creía ser una pizza en su antigua vida. Giró el regulador hasta la temperatura correcta y esperó un poco antes de meter una de las pizzas que él había comprado. Le ordenó al mayor que pusiera las chucherías en la mesa de la sala y como si aquella fuera su casa empezó a rebuscar por los armarios en busca y captura de un par de platos que poner en la mesa para poder comer como gente civilizada. Ki Kwang tenía activado el modo ama de casa y no paraba de ir de un lado a otro: que si poniendo la mesa, que si asegurándose de que el horno tostaba la pizza, que si frega que te frega un cuchillo para cortar las porciones, buscando servilletas… En menos de 15 minutos Kiki se había apoderado del mando de la casa de su hyung, todo fuera por mantener la salud de sus estómagos y no morir envenenados.
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