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En general, aconsejaría no copiar y ser original, pero porque no hay mucho de dónde plagiar, todos los foros de kpop tienen esta historia.

En fin, la edición de las fotos es nuestra, y del diseño de codes/html/css (o del usuario según corresponda) atrévete a plagiar alguna y te asesinaré mientras duermes ♡
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That growing up goes slow... —YJH

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That growing up goes slow... —YJH

Mensaje por Jang Hyun Seung el Miér Dic 03, 2014 12:50 am

Yong Jun Hyung
&
Jang Hyun Seung


I wish I wasn't always wrong. I wish it wasn't always my fault. The finger that you're pointing. Has knocked me on my knees. And all you need to know is I'm so sorry. It's not like me. It's maturity that I'm lacking. So don't, don't let me go. Just let me know. That growing up goes slow.

And all you need to know is. I'm so sorry. It's not like me. It's maturity that I'm lacking.

I wish I wasn't always cold. I wish I wasn't always alone...
Tantas veces había mirado el reloj esa tarde, que había pasado lenta y dolorosa, sin darle tiempo a descansar u olvidar los problemas. Estaba tan acostumbrado a trabajar día y noche, que los momentos raros aún le solían resultar raros, y eso que habían conseguido tener algunas vacaciones y tiempos libres gracias a no estar promocionando, o que misteriosamente la agenda dejaba huecos libres de unas horas. Algunos aprovechaban esas horas para salir corriendo a la calle y quedar con familiares o amigos cercanos, en cambio, otra gente como él prefería tomar su tiempo libre y aplicarlo en el disfrute de la tranquilidad, el supuesto relajamiento, y el avance de trabajos más manuales, como podía ser el estudio de una lengua, o el intento de componer una canción. Había tenido una larga mañana de ir y venir desde la compañía hasta varios lugares más, donde había participado en gestiones más administrativas junto a su manager, había estado practicando unas canciones junto a Yo Seob y Doo Joon, y además, había tenido que hacer unos ensayos fotográficos para una futura sesión fotográfica de invierno que debería de hacer con un par de artistas más. Ese día ni había comido y el frío había sido tan intenso que había llegado a casa con las manos y labios morados y fríos como el témpano, pero, sin duda males menores en comparación a esa tarde-noche libre y a la mañana siguiente que sería igual. No era demasiado tiempo, pero con ello podía decir alto y claro que descansaría y con suerte los chicos o estarían descansando, o estarían fuera. Disfrutaba tanto como ellos de su presencia, pero en esos momentos donde podía darse un poco más de importancia a si mismo y dejar de lado el grupo o el trabajo, necesitaba estar solo y dejar que sus emociones fluyesen aunque fuese para mal. Su situación personal era incluso dramática en comparación a ese estado tan neutro que solía tener normalmente, pero en esa ocasión le había tocado sufrir algo que estaba incluso lejos de su propio entendimiento. El amor. Obviamente no era algo que había aparecido un día sin más, pero por lo menos, hasta hacía algo menos de un mes había sido capaz de llevar la situación con una endereza envidiable, donde no había mostrado rastro de tristeza o dolor cuando veía ciertas cosas que no le gustaban a manos del culpable de su situación sentimental.

En esos momentos, vestido con ropa cálida y cómoda, metido en su cama y cubierto hasta la nariz con varias gruesas mantas a pesar de estar encendida la calefacción, era cuando más pensaba y se repetía aquella dichosa pregunta. «¿Por qué?». Sabía que esa pregunta no tenía respuesta, no al menos una del todo completa y acertada. Aún había una parte de él que quería creer en que todo aquello se solucionaría y habría un final bueno para todos, algo que le interesaba y le atormentaba, puesto que el menor era tan importante para él como un hermano, fuera de sentimientos amorosos, velaba por su salud y su bienestar y sería ciego si no viese que mientras él sufría por Jun Hyung, este lo hacía por otra persona. Habiendo miles de personas a su alcance, había tenido que enamorarse del menos adecuado, y encima, su cabeza y corazón habían tomado la decisión precisamente en ese momento de que no podía aguantar más. Si aquello duraría horas o semanas, era algo que no sabía, pero era como si el dolor se multiplicase a cada minuto pasaba. Mientras su corazón bombardeaba de una forma irregular, fuerte y punzante, su cabeza intentaba buscarle una solución a la situación de Jun Hyung con una frialdad, que parecía pertenecer a un cuerpo diferente, puesto que en su cuerpo, la cabeza y el corazón eran grandes enemigos que siempre soláin mirar hacia lados opuestos, dejándole a él en aquél estado vegetatorio por el que solía parecer estar casi contínuamente, inexpresivo y ajeno a los demás. No sabía qué era lo que le sucedía a Jun Hyung ya que este había tomado la decisión de sufrir sus propias penas en silencio y no podía juzgarle por algo que él mismo hacía, pero sabía que algo sucedía, y era lo bastante inteligente para saber por dónde iban las cosas. Apoyar a un amigo que sufría de amores cuando uno mismo estaba igual, era algo que le resultaba tan ridículo que no le dejaba hacerlo. Aun así, en el fondo sabía que si llevaba teniendo más paciencia esos últimos días era exclusivamente para hacerle olvidar y que sonriese y se distrajese. Quería que dejase eso de lado y aunque no le correspondiese, fuese feliz. No importaba él, lo que sentía, o que quisiese pegarle cada vez que lo veía responder mensajes que tenían claros destinatarios, y no eran precisamente amigos.

La inquietud había empezado a atacarle una vez más, y los deseos de que aquella noche fuese tranquila, habían desaparecido tan rápido como habían llegado. Tranquilidad...susurró en medio de ese sepulcral silencio en espera de que su cuerpo le obedeciese. Quería estar tranquilo y no alterarse cuando aún habían muchísimas posibilidades de que algún chico llegase y entrase en su habitación, lo que meos deseaba en ese momento era ser visto desmoronado o afectado por algo que no podía contarle a nadie. Lo primero eran ellos y el grupo, no era un adolescente que creía que podía vivir una vida de locuras sin sufrir las consecuencias de estas. Llevaba más de media vida en ese mundo, y aunque hasta el debut no fue cuando su actitud cambió, todos los días veía a su alrededor cómo otros artistas iban cayendo y desmoronándose, si no era porque no podían aguantar la presión que las compañías y fans ejercían sobre ellos, era porque algún rumor o situación de su vida personal había sido a la luz por culpa de las tan conocidas acosadoras. Ellos tenían suerte de no ser uno de esos grupos que cumplían record guiness por antifans, pero como todo grupo coreano que se apreciase tenían un considerable séquito que no les dejaban tener la privacidad que desearían. Tener una relación parecía ser algo únicamente hecho para los que querían arriesgarse a ser tratados como basura y a ser juzgados por el simple hecho de tener pareja, algo que en la mayoría de las ocasiones llevaba a peleas, problemas y constantes idas y venidas con la propia pareja o el grupo al que pertenecía la persona. Y quizá, en su situación, debía de preocuparle el gran problema que era la diversidad sexual en toda Asia, donde ser bisexual, homosexual o cualquier cosa que no fuese heteresexual, aún resultaba ser un tabú para la mayor parte de la sociedad. No le atormentaba el tema, pero sí le llevaba a tener más claro cual era su futuro sentimental, y que todo aquello no era más que la ilusión de un necio.

Unos ruidos hicieron que después de más de una hora soñando despierto, abriese los ojos como un animal en medio de la oscuridad del bosque. La puerta se había abierto y aunque no escuchaba ninguna voz, podía descartar varios nombres de la lista de posibilidades: Llevaba demasiados años viviendo con ellos, conocía hasta las rutinas que cada uno tenía al llegar a casa. Con dudas de si era Jun Hyung o el maknae quien había llegado a casa, dejó descansar sobre su frente una de sus manos, que en comparación a su rostro que ardía por la preocupación, estaba congelada. Miró la luz del pasillo con duda, y aunque lo que más deseaba era que pasasen de largo y le dejasen tranquilo, sabía que en el momento que escuchase una de esas voces en busca de vida, respondería. Ah...fue lo único que pudo decir cuando escuchó la voz de Jun Hyung resonar por las pareces de la casa, y junto a ese suspiro tan sonoro le acompañó la duda de si hacerse el dormido o responder. La duda duró incluso menos de lo normal estoy aquí...aunque alzó la voz, se notó perfectamente la poca vida que contenía su voz. Seguido de ese llamamiento de atención, antes de que el chico entrase en la habitación decidió ponerse en pie, arreglarse el cabello y frotarse el rostr con fuerza para despejarse. No funcionó. Escuchando como se abría la puerta, se echó el cabello hacia un lado y arregló la ropa en el último segundo, aunque poco le importaba ser visto con mala  apariencia, no sería nada nuevo. Estaba descansando la vistamintiendo por no querer dar más explicaciones, encendió el mismo la luz de la habitación, viendo a Jun Hyung y siendo capaz de sonreír, aunque esa sonrisa estuviese cargada de pena. ¿Cómo estás?.
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Re: That growing up goes slow... —YJH

Mensaje por Yong Jun Hyung el Sáb Ene 24, 2015 9:11 pm

Muchas veces lo que buscas no se encuentra en la dirección a la cual estás mirando:
probablemente, sea hora de girar la cabeza hacia otro lado.

Sin embargo, el talentoso rapero de BEAST no se daba cuenta de nada. Mejor dicho, no quería darse cuenta de nada y esto suponía interminables problemas costosos de subsanar. Pensaba que al fin había conseguido ese algo por lo que hubo luchado contra sí mismo durante tan largo tiempo; pero aquella utópica sensación sólo estaba teniendo lugar en su mente, muy lejos de la realidad. Mientras que la mirada del más alto no dejaba de estudiar con cierta obsesión al muchacho que lo acompañaba, éste se dedicaba a bailotear como pato mareado al “son” de la música –en verdad, había bebido tanto que no era dueño de sus acciones–. Copa tras copa, ambos habían perdido el norte aunque uno de ellos lo disimulase mejor que el otro. Todavía no veía la hora en la que acercarse y eso comenzaba a impacientarlo. Por lo general, Junhyung era alguien a quien la espera se le hacía corta; no obstante, la noche parecía jugar en su contra y mandaba al joven a pleno centro de pista con tal de joderlo a él en cuanto varios grupos de mujeres desesperadas lo acorralaban e intentaban poseerlo. Tres de ellas tironeaban de sus ropas, dos más buscaban sus besos y únicamente una los consiguió. ¿De qué cojones iba esa tipa y cómo había logrado unir sus asquerosos labios con los de Kikwang en apenas medio minuto? «Maldita seas», injurió por lo bajo conforme su cuerpo empezaba a caldearse. Si el vaso de tubo que se oprimía en su puño pudiera pedir auxilio, ya lo habría hecho. «Malditas seáis todas», fue justo en ese instante cuando el fino cristal cedió a la presión y se hizo añicos, provocándole serias heridas a las que restó importancia por mero orgullo.

He dicho que estoy bien, joder —se quejaba a la gente de su alrededor, apartándola al tiempo que trataba de localizar al menor con los ojos. Muy a su pesar, continuaba embriagado en perfumes femeninos, así que poca atención recibiría de su parte. No le dirigió palabra alguna en el momento en el que decidió marcharse de aquella agobiante discoteca por su propio pie. Daba igual el estado físico que llevase, no aguantaba ni un segundo más ahí dentro: o se largaba del local o los celos que lo carcomían estallarían de repente, sin previo aviso. A pesar de todo, el panorama del exterior tampoco era demasiado agraciado: oscuras nubes cubrían el cielo a la vez que su lluvia empapaba cualquier centímetro escondido de la ciudad. Quizá una ducha natural no vendría mal. Quizá regresar a casa calado hasta los huesos no vendría mal. Quizá caer muerto en el recibidor junto a su perro Hyungnim no vendría mal. Quizá, quizá… Sin darse cuenta, pues permanecía atado en el fondo de sus pensamientos, se había desviado y ya iba rumbo al piso que compartían los seis componentes del grupo. A cada paso que avanzaba, pequeños hilos de sangre quedaban impregnados en los charcos de las calles. La pérdida de glóbulos rojos, sumada a la borrachera, constituía un combo capaz de dejar fuera de juego al primer desdichado que se cruzase por delante. Afortunada o desgraciadamente, su vista borrosa sólo era causada por las “gotas de agua” que se fundían en su rostro.

Sigo viv-… Agh, mierda —como era de esperar, su intención se alejaba de llegar a ese sitio; aunque no estaba en posición de dar media vuelta e irse por donde, a duras penas, había venido. Siendo claros, se sentía derrotado, abatido cual gladiador despojado de armadura con la que defenderse frente a miles de leones. Lloraría, mas sus lágrimas se mimetizaron con la humedad de la capital y se habían agotado hasta nueva orden. Paseó arrastrando los pies por el pasillo, falto de destino fijo, hasta que acabó parado delante de una habitación que no era la suya. «¿Hay alguien?», se atrevió a preguntar con desconfianza. Habiendo recibido respuesta positiva al otro lado de la puerta que encaraba, la abrió sin pedir permiso y se dejó caer contra el marco, sosteniendo el leve equilibrio que aún tenía. Por alguna razón, escuchar su voz tranquila se podía considerar una especie de regalo después de soportar tanta mierda encima de los hombros. En una ocasión similar, es posible que se hubiese lanzado a abrazarlo o que lo volcara incluso sobre el colchón. No obstante, ya no gozaba de fuerzas suficientes para mostrar su alegría al verlo: se hallaba ebrio, mojado y con un tajo profundo en la palma de la mano que no terminaba de coagular bien. Las fans hiperventilarían si lo encontraran de tal forma: —Sinceramente, ando un poco mareado... —alzó el brazo ante su compañero y movió las pupilas hacia un punto muerto del suelo, el cual ya se había coloreado con tenuidad de rojo por su culpa. Sus piernas, cansadas del traqueteo nocturno, se opusieron a seguir sujetándolo mucho más y lo hicieron desplomarse de rodillas sin darle oportunidad alguna de agarrarse a lo que tuviera cerca. Las cosas parecían ir a peor, no cabía duda—. Estoy bien… Estoy bien —repitió en un murmullo, intentando no preocupar al mayor con sus tonterías. Esperanzas e ilusiones eran pisoteadas una, y otra, y otra, y otra vez. Cualquiera en su sano juicio habría tirado la toalla. Los imposibles se llaman de esa manera por cuestiones evidentes y un triste gilipollas como él no conseguiría lo contrario.


Última edición por Yong Jun Hyung el Vie Mar 13, 2015 8:09 pm, editado 1 vez
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Re: That growing up goes slow... —YJH

Mensaje por Jang Hyun Seung el Vie Mar 13, 2015 5:08 pm

❝Who knows what true loneliness is - not the conventional word but the naked terror? To the lonely themselves it wears a mask. The most miserable outcast hugs some memory or some illusion.❞
— Joseph Conrad

La fuerza con la que su pecho se oprimía sin duda no era sana, sentía como si una mano invisible hubiese traspasado su pecho y hubiese tomado su corazón sin piedad, apretando con la intención de hacerlo explotar. ¿Qué sucedería después de eso? Un cuerpo inerte, era más que obvio que después de semejantes shocks, las personas solían pasar por épocas de gran depresión donde reír y vivir tranquilamente no eran una opción, en cambio, hacerse daño a uno mismo y deambular cual fantasma sí lo era. A esas alturas no sabía qué iba a hacer, no se preocupaba de lo que podía suceder en unos días o semanas, su cabeza había dejado de lado el trabajo, amigos o familia para regozijarse en el rechazo y descarada indiferencia que siempre había recibido por parte de Jun Hyung. Estaba claro que si no le decía nada, que si no se confesaba, no podía pretender ser correspondido sin más, pero se había insinuado de todas las formas posibles y ninguna había funcionado para que el menor le mirase de forma más pícara (como él solía mirar a quienes le interesaban, fuesen chicos o chicas), o para que moviese sus manos más allá de sus caderas o brazos cuando por casualidad le aferraba. Sabía que a esas alturas únicamente le quedaba desnudarse, tumbarse en la cama ajena y esperar a que lo entendiese, pero estaba seguro de que creería que tenía calor y simplemente bromearía, le empujaría y le cubriría para que no se resfriase, más contando que estaban en invierno y él era propenso a que el frío se le calase en los huesos. La delgadez afectaba más allá que a la apariencia, carecía de cualquier tipo de protección ante el frío. No sabía si alarmarse, o si podía limitarse a que su mirada se perdiese en la gente y en los coches en movimiento, pero una vez más estaba esperando a que su enamorado volviese de la guerra sano y a salvo, sin marcas de pintalabios, sin nuevos números en el teléfono, y sin una sonrisilla de clara victoria en sus labios. Quizá se le podría comparar con una mujer histérica o con alguien que poseía una aguda depresión, capaz de hacer cualquier tontería guiada por la desesperación y la sensación de soledad.

Pero ahí estaba Jun Hyung, no tenía por qué ir a su casa, sabía que esperarle era una tontería cuando él tenía su casa de soltero donde estaba seguro que se había despertado numerosas veces con diferentes acompañantes ¿Por qué seguía esperando a que volviese a por él? No podía culparle, era tan libre de vivir y ser feliz, como lo era él de enamorarse de su mejor amigo y además, sufrir hasta el punto de jadear de dolor entre pesadillas; una noche tras otra soñaba con la espalda del menor, viéndolo marchar, y ahí era cuando se daba cuenta que no importaba si Jun Hyung salía con otra persona o se casaba, lo que le daba terror era verlo partir y no poder disfrutar con él el día a día. No quería vivir sin Jun Hyung, le daba igual ser egoísta y mentiroso si con ello lograba que Jun Hyung le llamase y le hablase; fuese de aquella chica, o de unas canciones. Su voz le aliviaba y amargaba, era una adicción imposible de curar. Era adicto a Jun Hyung, a sus manos, a su sonrisa, a su personalidad alocada... no había nada que él pudiese querer más.

Y ahí estaba, delante de él como si viniese de una guerra real, apestando a alcohol, con la mano ensangrentada y tan mojado que parecía que se había caído dentro de una piscina. Aunque era una opción que no podía descargar. Después de sus propias preguntas acosadoras, con un nudo ahogador en la garganta y con algunas vendas y desinfectantes, se dejó caer desplomado delante de él, no tenía energías ni para agacharse. ¿Por qué no te has ido a casa...? —. Susurró con un tono entrecortado, en un llanto invisible que por suerte se podía confundir con falta de aire o hipo. Se mordió la lengua con brusquedad y sin mirarle (no podía mirarle a los ojos), se dedicó a desinfectar la herida, sacando unos cuantos cristales que estaban incrustados en la piel, dejándolos sobre un papelito para no perderlos de vista y, finalmente, echando el desinfectante. No te quejes —. Ordenó a pesar de que sabía que era algo doloroso, era una forma de pedirle que no se quejase cuando era él quien lloraba por dentro por verle así, al fin y al cabo, lo que parecía tener Jun Hyung no era más que frustración sexual y mucho alcohol en sus venas. Un extraño murmullo salió de sus propios labios, algo similar a un sollozo y un quejido mezclado que acabo en un carraspeo, empezaba a sentir como el aire le faltaba y cómo las ganas de vomitar iban aumentando, como si el olor a alcohol que Jun Hyung desprendía le hubiese embriagado hasta ese punto.

Túmbate en mi cama ¿Vale? Iré a por un paño frío y a tirar esto —. De normal le habría ayudado a ponerse en pie, habría bromeado y le habría lanzado a la cama con algún empujón, ya había fingido y tragado veneno en muchas ocasiones, pero ese día no tenía ganas de fingir, ni aunque pusiese en peligro tantos años de miradas en las sombras y noches en vela en busca de una solución. Sin querer perder más tiempo aún del que ya había perdido, tomó los cristales con cuidado y echó una mirada a la mano que acababa de vendar para comprobar que no necesitaría más sujeción, y por suerte, así era. Tomando la bolsa con los antisépticos y las vendas sobrantes, se puso en pie y guardó la bolsa en el baño, después, lanzó los cristales con el papel a la pequeña y metálica papelera del servicio. «Es momento de volver... aunque con suerte se ha dormido y no se da cuenta. No... seguro no se dará cuenta, apesta tanto a alcohol que estoy a punto de vomitar», pensó. Se frotó la zona baja del vientre mientras sus ojos inquietos y humedecidos evitaban esa imagen patética que se formaba en el espejo, el reflejo de un idiota y sentimental hombre que no era capaz ni de confesarse por miedo. Podría haber gritado y despotricado como muchas otras noches se había visto obligado, puesto que había sido eso o golpearle y lanzarle por el balcón, en cambio, optó por deslizarse hasta quedar sentado sobre la tapa bajada del retrete. Gracias a la cercanía apoyó los codos en el lavamanos y bajó el rostro al sentir una nueva arcada desagradable que, por obligación, le hizo abrir el grifo y dejar que el agua fría (más bien, congelada) salpicase su tez empalidecida por la mala alimentación y estrés que había tenido desde hacía un tiempo.
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